ANGÉLICA BARRANCO PÉREZ
Cultural e históricamente se han asociado las labores domésticas no remuneradas como parte el rol femenino. Según ONU (2024). La economía del cuidado se define “como el trabajo no remunerado que se realiza en el hogar, relacionado con mantenimiento de la vivienda, los cuidados a otras personas del hogar o la comunidad y el mantenimiento de la fuerza de trabajo remunerado” (Ley 1413 de 2010). “El trabajo de cuidados no remunerado o mal pagado recae en todo el mundo sobre las mujeres y las niñas, quienes dedican 2,5 más horas del día que los hombres a esa labor […].” En Colombia, las mujeres en edad de trabajar “aportan casi 55.000 horas anuales a los oficios de trabajo doméstico y de trabajo no remunerado, en comparación con las 41.000 horas anuales de los hombres (DANE). Cambiar este desequilibrio histórico se ha convertido en una causa para muchas organizaciones y gobiernos en el mundo cuyos avances, si bien son destacables, todavía resultan insuficientes para sociedades con marcados rasgos machistas. El trabajo doméstico y actividades del cuidado no remuneradas son aspectos socioeconómicos que no se limitan a la desigualdad de género. Sus implicaciones pueden ser profundas social y económicamente para un país en vía de desarrollo como Colombia, cuya mayor proporción de la población envejece de forma acelerada.
Las labores domésticas y del cuidado no remuneradas fueron reconocidas en Colombia como un factor esencial para la economía nacional a través de ley 1413 de 2010, la cual, tiene por objeto “[…] medir la contribución de las mujeres al desarrollo económico y social del país, convirtiéndose esta en herramienta para la definición e implementación de políticas públicas.” Según el Dane, encargado de implementar esta ley, las actividades del cuidado representaron en Colombia cerca del 20% de la producción nacional (2021). La tendencia de esta cifra es a aumentar, pues en el país, la proporción de población joven disminuye frente a la adulta. En 2024 se registraron 445.011 nacimientos, es decir, una reducción del 13,7 % en comparación con 2023, y de 32,7 % menos frente a 2015 (DANE). En el contexto nacional, en 2024, el Magdalena experimentó una reducción del 20.2% en los nacimientos. Estas cifras se corresponden con el aumento de la postergación de la maternidad. En 2024 la edad media de la fecundidad alcanzó 27,1 años, mientras que la edad media al primer hijo pasó de 22,7 a 24,4 años.
Las actividades domésticas y del cuidado implican no solo esfuerzo físico y mental, sino un costo de oportunidad para quien lo asume. En el caso colombiano, por ser las mujeres quienes en su mayoría asumen este rol, son también quienes en mayor medida se ven obligadas a renunciar a sus proyectos personales, profesionales y/ económicos, o en el mejor de los casos, a doblegar sus esfuerzos para hacerlos realidad. Esta inequidad social se traduce en mayor vulnerabilidad frente a la violencia intrafamiliar y económica.
Según el Informe “Mujeres y Hombres Brechas de Género en Colombia (UN-Mujer, 2024) “El liderazgo femenino y la participación de las mujeres en puestos con poder de decisión, tanto en el gobierno como en las empresas, siguen siendo limitados. […] no obstante que “Entre 2017 y 2023 el porcentaje de mujeres que ejercieron cargos directivos en Máximo Nivel Decisorio (MND) y Otros Niveles Decisorios (OND) en el Estado colombiano se ha ido incrementando gradualmente hasta ubicarse en 48,6 %.”, en el ámbito político, la situación no es tan favorable: “En lo que respecta al Congreso, los resultados de 2022 las mujeres representaron casi 30 % de los escaños en ambos cuerpos legislativos. […]. Estos resultados posicionan a Colombia por debajo del promedio de América Latina (35,8 %) y de países de la región como Chile (35,5 %), Argentina (42,4 %) y México (50,4 %), aunque supera a otros como Brasil (17,5 %) y Uruguay (25,3 %)”.
Pero, como se advierte inicialmente, el trabajo doméstico no remunerado no se limita en un tema de brecha de género. Hay una economía nacional que en el mediano y/o largo plazo se va a resentirse por el impacto del aumento de actividades del cuidado de una población envejece de forma acelerada mientras su relevo generacional disminuye. Esta circunstancia significará un gran desafío para el aparato institucional del país, si para entonces, no se dispone de políticas públicas consolidadas a través de las cuales no solo promover la igualdad de género, sino la liberación de tiempo para que más personas puedan incorporarse a los sistemas productivos, así como el aumento de la capacidad de los sistemas sociales para atender demandas de cuidado, asistencia o apoyo de la población. Están en juego la sostenibilidad social y económica (productividad, complejidad y costos para el sistema de salud, los servicios sociales y el sistema pensional, entre otros.
En Colombia, solo hasta el 14 de febrero de 2025 se aprobó el Documento CONPES 4143 a través del cual se establece la Política Nacional de Cuidado en Colombia con el objetivo de transformar la organización social del cuidado en el país. Es un buen comienzo, pero falta mucho para pasar del papel a la realidad, especialmente para que las transformaciones que se requieren lleguen al nivel territorial.


1 Comment
Máximo José Polo Pérez 23 Jul 2025
Para hablar del tema tendré en cuenta varias aristas: La empleabilidad, seguridad alimentaria, la economía, lo social, lo político, cultural. Con el paso del tiempo los jóvenes han aumentado la edad para procrear, al considerar uno o varios de los aspectos antes mencionados.
La economía del cuidado se mueve tácitamente considerando todos estos aspectos, es oportuno considerar que en gran medida las políticas públicas se robustecen si independientemente ponemos de nuestra parte para que el inconsciente colectivo de un salto cuántico hacia una justicia social efectiva. No podemos quedarnos en la narrativa, pasemos a las acciones concretas para el desarrollo social y económico para zanjar la brecha salarial que se da en el territorio.
La verdadera inclusión se dará con salarios dignos para tod@s.