Créditos Foto: GUILLERMO TORRES REINA / SEMANA
El alcalde Carlos Pinedo en uno de sus encuentros con comunidades decidió referirse a lo que él considera “[…] mentiras y sandeces que provienen de mis enemigos, de mis contradictores que pretenden seguir engañando a la gente, añoran con volver al poder para seguir robándose a la ciudad.” El Alcalde manifiesta sentirse “indignado” frente a esta situación y agregó: “Yo acabo de llegar hace 20 meses y eso lo hicieron hacen más de 8 años. Entonces pongamos las cosas claras. La ciudad se inunda de aguas negras desde el gobierno de Pinedo, mentirosos, la ciudad se viene sufriendo de las aguas residuales desde mucho tiempo, pero en los últimos 12 años no se hizo nada […]” En estricto sentido, el alcalde tiene razón: como gobernante, solo puede responder por su gestión desde el momento en que asumió el cargo. Sin embargo, cabe preguntarse si sus diez años de desempeño como concejal lo eximen completamente de responsabilidad en la debacle que hoy administra. Como él, hoy algunos políticos pretenden posar de indignados ante los crónicos problemas que atraviesa la ciudad; pero ahí radica la importancia de que los samarios no olviden quiénes, y de qué manera, se beneficiaron del proceso que nos condujo hasta esta condición de ciudad fallida.
Antes de asumir la Alcaldía Distrital de Santa Marta, Carlos Pinedo fue concejal de la ciudad durante el periodo 2012–2022. Según la Constitución Política de Colombia, “los concejos son corporaciones político-administrativas de elección popular que ejercen funciones normativas, de control político y administrativas en el municipio.” En virtud de ese mandato, distintos sectores han cuestionado a Pinedo por el respaldo que, como concejal, brindó a numerosas iniciativas presentadas por los gobiernos de Fuerza Ciudadana para su aprobación en el Cabildo. Frente a dichas críticas, el hoy alcalde ha respondido: “Yo les aprobé proyectos, no que se robaran el dinero de los samarios. Esa es la claridad que hay que darle a la ciudadanía, porque a veces se tiende a confundir. Aquí el único responsable de la ejecución en el Distrito es el alcalde.” Olvida el alcalde que, si bien el Concejo no gobierna, si tiene responsabilidad de controlar, regular y orientar la acción del ejecutivo, representando los intereses de la comunidad. Su escasa huella -y la mayoría de sus compañeros de Cabildo- en los debates sobre decisiones de trascendencia política, social y económica que marcaron el devenir de la ciudad, estuvo lejos de representar un ejercicio de control político. Por el contrario, legitimaron arbitrariedades e intervenciones que más tarde se traducirían en los grandes descalabros administrativos y urbanísticos que hoy padece la ciudad.
Pese a lo anterior, la experiencia del entonces concejal en el sector público —y especialmente su contacto con la ciudadanía— debió permitirle identificar con claridad las prioridades que la ciudad requiere atender: la crisis de los servicios de acueducto, alcantarillado y aseo; la modificación del Plan de Ordenamiento Territorial; la solución a los conflictos de movilidad; el fortalecimiento del control urbano; y la recuperación del espacio público.
Contrario a lo esperado, la gestión del alcalde Pinedo, parece más orientada a favorecer intereses ajenos que los de la ciudad. En el caso de la crisis del agua, su gobierno ha optado por acatar el “capricho” del Gobierno Nacional de construir plantas desalinizadoras, sin agotar antes, el estudio de las fuentes hídricas de agua dulce disponibles y sin considerar plenamente el costo ambiental que estas podrían representar. Ni qué decir de la contratación del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, sobre la cual se han presentado serias observaciones e inquietudes por parte de especialistas, las cuales han sido abiertamente desatendidas.
La modificación del “POT 500 Años”, que constituía una oportunidad para corregir los errores y vacíos técnicos con los que fue aprobado, está a punto de desperdiciarse por un inexplicable interés en que el proceso sea liderado por los mismos profesionales responsables de sus deficiencias iniciales.
En materia de movilidad, sigue pendiente por desarrollarse estudios rigurosos para mejorar la infraestructura vial, modernizar el transporte público y promover un cambio cultural hacia modos de desplazamiento más sostenibles.
Así las cosas, a estas alturas el alcalde no puede excusar su falta de resultados porque “acaba de llegar”. Ha tenido la oportunidad de decidir hacerlo bien, pero ha tomado caminos diferentes. Otros gobiernos que asumieron ciudades en crisis durante este mismo periodo han sido eficientes para estructurar proyectos y contratar firmas serias para resolver los problemas de fondo. En lugar de invertir tiempo indignándose, sería pertinente que evalúe la gestión y ejecución de su gabinete y se asegure de que su gobierno actúe de cara a los intereses de la ciudadanía para no convertirse en uno más de la larga lista de “los de antes” que han defraudado la confianza de esta.
A Angela Merkel se le atribuye esta frase que todo gobernante debe recordar: “Los [alcaldes] presidentes no heredan problemas. Se supone que los conocen de antemano, por eso se hacen elegir para gobernar con el propósito de corregir esos problemas, culpar a los predecesores es una salida fácil y mediocre.”
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1 Comment
Elizabeth R. 22 Oct 2025
El mejor y más preciso retrato de Santa Marta y su clase política, que he visto pintado con palabras !!!
Gracias por la alta definición:)