Por: Ives Danilo Díaz Mena
Abogado, columnista y defensor del diálogo como herramienta de transformación social.
Hemos escuchado demasiadas promesas vacías, demasiados señalamientos, y muy pocas soluciones reales. Parece que algunos olvidan que el arte de gobernar no consiste en buscar culpables, sino en sanar los errores del pasado con decisiones valientes en el presente.
Cuando un candidato ya sea a la Presidencia, una Gobernación o una Alcaldía decide postularse, debe hacerlo con plena conciencia del estado actual de su territorio. No se elige a un gobernante para que se queje de lo que encontró, sino para que transforme lo que hay.
La política no puede seguir siendo un eterno de lamento, ni un ring de boxeo donde los discursos se convierten en armas.
El país está cansado de quienes prometen unión y terminan sembrando más división. Y peor aún, de quienes ya tuvieron la oportunidad de servir y no lo hicieron, pero hoy reclaman con indignación lo que no fueron capaces de cambiar.
Esa doble moral política ha hecho un daño profundo. Nos ha llevado a creer que la crítica reemplaza la acción, y que el ataque es una forma de liderazgo.
No; La verdadera grandeza política está en construir, no en destruir.
Por eso hago un llamado a la cordura, a la sensatez, a recuperar la elocuencia de las propuestas y el valor de las soluciones.
Si realmente queremos gobernar, debemos hacerlo desde el corazón, no desde la herida.
Que nuestras palabras sean puente, no pared.
Que nuestros discursos no invoquen la rabia, sino la esperanza.
Nuestro país, y especialmente nuestro Magdalena, no soportan más divisiones.
Necesitamos estar unidos para crecer en armonía, para que cada colombiano pueda soñar sin tener que abandonar su tierra ni su familia.
Lo que sueño como abogado, como ciudadano y como hijo de esta tierra, es un país donde el liderazgo se mida por la capacidad de servir, no por la habilidad de señalar.
Porque la historia no recordará quién gritó más fuerte, sino quién ayudó a sanar.

