Por: Veruzka Aarón Torregroza
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A menos de una semana los colombianos tendrán una nueva oportunidad de elegir a los senadores y representantes a la Cámara que integrarán el Congreso de la República. Estos tienen la responsabilidad de decidir el rumbo del país y, en buena medida, el destino de regiones históricamente rezagadas como el departamento del Magdalena. Elegir senadores y representantes no es un simple trámite democrático. Es delegar la voz del territorio en el órgano que legisla, reforma la Constitución, aprueba el Presupuesto Nacional y ejerce control político sobre el Gobierno. Es definir quién va a defender, o por el contrario, a ignorar como hasta ahora lo han hecho los congresistas magdalenenses en ejercicio, las necesidades de una región que ha padecido problemas ambientales, rezagos sociales y brechas estructurales profundas. Si algo ha quedado en evidencia en los últimos años es la desconexión entre las urgencias del departamento del Magdalena y la representación de sus congresistas. Los actuales congresistas elegidos por esta región, a pesar de repetir varios periodos, no han logrado consolidar una agenda sólida ni visible en defensa de los intereses territoriales. Han pasado por el Capitolio sin mayor protagonismo, sin liderazgo claro y, lo más grave, sin resultados tangibles para sus comunidades. A pesar de que los magdalenenses se enfrentan a crisis que los condenan al límite de la supervivencia, el profundo clientelismo en la política departamental lleva a considerar el riesgo de que el próximo 8 de marzo en lugar de castigar políticamente la pobre gestión de sus congresistas, el Magdalena termine por elegir más de lo mismo.
La falta de gestión eficaz ante el Gobierno Nacional y la ausencia de una agenda regional consecuente con las prioridades de la población y potencialidades del territorio en el Congreso han tenido consecuencias. En Santa Marta, el agua dejó de ser una deuda para convertirse en una dificultad histórica que golpea a miles de familias, afecta la competitividad y compromete la salud pública.
En la Ciénaga Grande de Santa Marta, el deterioro ambiental dejó de ser una advertencia científica para convertirse en una amenaza real para pescadores y ecosistemas estratégicos.
En los municipios del sur, las inundaciones recurrentes y la falta de infraestructura adecuada reflejan una planeación débil y una gestión insuficiente ante el nivel central.
La gestión del riesgo que, durante los últimos días,ha demostrado su debilidad, no puede seguir siendo reactiva. Cada temporada de lluvias, cada sequía prolongada, cada emergencia que sorprende a los municipios del Magdalena pone en evidencia que se actúa cuando el daño ya está hecho. En distintos puntos del Departamento, las afectaciones recientes han dejado claro que no existe una política sólida de prevención. Las inundaciones en zonas ribereñas, los deslizamientos en áreas vulnerables y la falta de infraestructura adecuada no son hechos imprevisibles como algunos gobernantes lo quieren presentar; son riesgos identificados desde hace años. Lo que ha faltado es planificación efectiva, articulación institucional y liderazgo político que impulse soluciones estructurales. Esta es una problemática que exige ser atendida en el Congreso como prioridad presupuestal y no como un tema marginal que solo aparece en los titulares cuando ocurre una tragedia.
La protección de la Sierra Nevada, el ordenamiento del territorio y el control al crecimiento urbano desordenado en Santa Marta son asuntos que necesitan respaldo normativo y vigilancia política desde Bogotá. La crisis de gobernabilidad del Parque Tayrona es reflejo de la ausencia de una dirección clara. Este territorio y sus administradores locales necesitan congresistas capaces de elevar estos debates al plano nacional, de promover ajustes normativos cuando sean necesarios y de ejercer control político efectivo sobre las entidades encargadas de la administración ambiental. Se enecsitan líderes políticos que sin ruborizarse se atrevan a proponer que la Nación compense a Santa Marta por el despojo de su mayor atractivo turístico, que le hagan entener al país que esi bien el Parque Tayrona es un patrimonio ambiental nacional, no es justo que Santa Marta asuma el costo total de su escisión, mientras los concesionarios privatizan las ganancias obtenidas de este.
El desempleo, la informalidad y la precariedad rural tampoco son cifras frías, son síntomas de un modelo de gestión territorial desarticulado que se traduce en oportunidades perdidas para desarrollar sosteniblemente el potencial del departamento.
El Magdalena no necesita congresistas de ocasión que aparecen cada cuatro años en una valla. Necesita legisladores con visión regional, capaces de trabajar como bloque en alianza con mandatarios locales para garantizar recursos sostenidos destinados a proyectos estratégicos.
Pero la responsabilidad no se agota en las urnas. La tarea de la ciudadanía -y de los líderes gremiales, académicos, informativos y sociales- apenas comienza con el voto. Una democracia madura no se limita a elegir; exige, mide y compara resultados. Por eso, resulta oportuno que como sociedad promovamos la creación de mecanismos y/ espacios permanentes que permitan monitorear la gestión parlamentaria con indicadores claros, acceso a información pública y espacios de deliberación abiertos para evaluar la pertinencia y eficacia de sus iniciativas legislativas, su capacidad de gestión y la contundencia de su control político frente a las prioridades de los municipios del departamento y de su capital, Santa Marta. Solo así el voto dejará de ser un acto episódico y se convertirá en un verdadero ejercicio continuo de corresponsabilidad democrática.
A menos de una semana de las elecciones, la pregunta de fondo no es quiénes saldrán elegidos, sino si el departamento elegirá congresistas que comprendan que su responsabilidad no termina el día de la posesión, sino que comienza justamente allí. Desde ese momento deberán legislar con independencia, gestionar con resultados concretos y rendir cuentas con absoluta transparencia.


2 Comments
Esteban Zambrano 4 Mar 2026
El Magdalena no está condenado. Está desorganizado.
En 120 equipos territoriales que acompañé durante décadas, confirmé algo: cuando una región actúa dispersa, el Congreso la ignora; cuando actúa en bloque, la escuchan.
La crisis del agua, la Ciénaga Grande, el desempleo rural, el riesgo mal gestionado no son islas. Son raíces conectadas a una misma tierra: falta de articulación política sostenida.
MENSAJE DEL ARTEZANO:
«Magdalena solo dejará de elegir más de lo mismo cuando pase de votar individuos a organizarse como bloque territorial permanente.»
No necesitamos congresistas de temporada. Necesitamos ciudadanía permanente.
FRASES DEL ARTEZANO:
El territorio que no se organiza, se fragmenta.
♥️La herida ambiental puede volverse semilla de articulación.
️Representación sin bloque regional es voz aislada en sala ruidosa.
Vi en otros departamentos cómo una agenda común —agua, infraestructura, empleo— obligó a sus congresistas a coordinarse más allá de partidos. No fue magia; fue método.
Propongo algo concreto: crear una Mesa Ciudadana de Seguimiento Parlamentario del Magdalena con tres comités: ambiente, desarrollo productivo y gestión del riesgo.
Reuniones abiertas, actas públicas, indicadores claros.
Eso es «Experiencia Transformadora, Memorable y Convincente»: pasar de indignación individual a tejido colectivo.
Antes de votar, escribe qué tema defenderás activamente durante los próximos cuatro años. Compártelo con tu comunidad. Enraíza tu compromiso.
EL ARTEZANO PREGUNTA:
¿Estamos eligiendo líderes o repitiendo lealtades automáticas?
¿Qué pasaría si los 30 municipios hablaran con una sola agenda priorizada?
#MagdalenaEnBloque #OrganizaciónTerritorial #RepresentaciónEficaz #PedagogíaConElArtEZano
enelmargen 4 Mar 2026
No se «eligirá»- no se puede, «elegir», «más de lo mismo»: porque, entre otras tantas- y tal como lo muestra la historia, se es cada vez más rebaño y lo que se «elige», es cada vez más- peor y dañino. Para la muestra, la situación/las condiciones reales en todo el dpto. Las cosas no son de uno que otro maquillaje/apariencia… sin fundamento/encubrimiento del atraso/pobreza/miseria, en últimas, mental.