Como el calor en Semana Santa, como las lluvias en octubre, como fiestas del mar en Julio o como carnavales en febrero, siempre aparece ese Samario de temporada electoral que es difícil detectarlo cuando no se avecinan elecciones, se mimetizan entre la multitud y hasta pasan desapercibido, puede pasar meses o años sin que se sepa algo de esa persona, pero de un momento a otro ocurre lo esperado, el personaje se abre la camisa como Clark Kent convirtiéndose en Superman, para convertirse en el Samario de temporada, ese que desde que se levanta dice “Santa Marta, la tierra de mis amores”.
Este fenómeno para cada cuatro años como el año bisiesto, la intensidad de la Samariedad es demasiado alta y es directamente proporcional a la proximidad de las urnas, por eso es muy común ver que el Samario de temporada destape ollas de sancocho en los barrios populares, no salude de mano sino con abrazo rompe costillas al comerciante de la quinta avenida o del mercado, se tome fotos con vendedores ambulantes y lo mejor es que descubre que en Santa Marta hay pescadores.
De repente, en sus redes sociales empiezan a aparecer las fotos jugando futbol con el Pibe, fotos de la sierra nevada, el morro en su esplendor, la quinta de San Pedro y demás objetivos fílmicos que hacen alusión a su alto “compromiso” con la ciudad, también hace publicaciones hablando de “nuestras raíces”, “nuestra identidad”, “nuestra gente” o la favorita de todos “Soy más Samario que el morro”.
Todas esas expresiones salidas de lo más profundo del corazón de manera extraña coinciden con la repartición de volantes en las calles, como diría el personaje de la serie Malcolm in the Middle, “no encuentro fallas en su lógica”.
Y es que las redes sociales han aumentado el nivel, no basta con tomar la foto con el comerciante o posar en la bahía con el morro de fondo, es el momento ideal para participar en la escena o como dirían por ahí, “hacer el show”.
Las fotos pasan a un segundo plano, ahora la movida es hacer un video en Instagram con una música de fondo, mientras el Samario de temporada empuja una chalupa con un grupo de pescadores, como conocedor de cine más que político da las respectivas instrucciones, las tomas deben ser con el mar de fondo, la chalupa debe llevar su nombre, la cámara debe hacerle un primer plano mientras hace gesto de fuerza y la inevitable gota de sudor no puede faltar, el dron en el aire debe registrar desde el cielo esa impresionante conexión del Samario de temporada con los pescadores.
“Aquí estoy con nuestra gente, con nuestras raíces, con quienes trabajan todos los días por nuestra ciudad.”, nadie, pero absolutamente nadie sospecharía que la campaña política empezó con la empujada de la chalupa y eso es la magia de la temporada electoral que logra convertir la cotidianidad samaria en marketing y el Samario de temporada que seguramente no sabrá ni como se ata el nylon con el anzuelo.
Mi Santa Marta querida “Todo por ti” dice el Samario de temporada, entre publicaciones de recuerdos, fotos antiguas de la ciudad, del morro, del centro histórico, Pescaito, Taganga, todo lo que permita entrever una real conexión con la ciudad es válido para publicar en redes sociales.
No puede faltar la disputa con los otros Samarios de temporada así como las estrellas Michelin de los restaurantes, el que tenga más credenciales samarias es el que le dice a los otros, “Yo soy de aquí”, “Yo estudié aquí”, “Mi papá nació en pescaito”, “el papá de mi abuelo era pescador”
Este tema sería innecesario si realmente la identidad Samaria no necesitara ser invocada cuando se acercan las elecciones, instrumentalizar el sentimiento Samario como una herramienta de marketing político es tan nefasto como ver que en pleno siglo XXI la ciudad aún no cuenta con un buen sistema de agua potable.
Ser Samario no consiste únicamente en aparecer en fotos y videos en redes sociales cuando se avecinan las elecciones, ser Samario significa vivir la ciudad también cuando no hay cámaras, una cosa es hacer campaña política en Santa Marta y otra muy distinta es hacer ciudad en Santa Marta.

