La conmemoración de los 500 años de Santa Marta fue la oportunidad para que la ciudad se convirtiera en epicentro de importantes eventos y la visita de personalidades nacionales e internacionales. Entre estos visitantes se destacan miembros del gobierno nacional encabezados por el Presidente de la República Gustavo Petro, quien aprovechó la oportunidad para anunciar importantes inversiones en la ciudad como la ampliación y modernización del Aeropuerto Simón Bolívar. Según los detalles brindados por la Ministra de Transporte Mafe Rojas, se proyecta que el aeropuerto duplicará su capacidad y pasará de atender 3,5 millones a 5,8 millones de pasajeros al año. Bienvenida esta solución de corto plazo, pero que esto no se convierta en una distracción para desviarnos de la prioridad: desarrollar urbanísticamente el área donde se localiza actualmente el aeropuerto por ser la de mayor valorización de la zona costera y dotar a Santa Marta de un aeropuerto competitivo regional, nacional e internacionalmente.
La inversión anunciada contempla la construcción de 3.742 m² de nueva infraestructura en el lado tierra; ampliación y modernización de salas de espera, zonas comerciales y espacios operativos, aumento de posiciones en plataforma (5 contacto + 2 remotas) y mejoras en ventilación, filtros, pasillos y fachada. Esta intervención resulta oportuna para garantizar que el aeropuerto opere en óptimas condiciones y ofrezca una agradable experiencia a sus usuarios hasta el último día en su actual localización.
Cuando la ministra Rojas destaca el propósito de pasar de atender 3.5 a 5.8 millones de pasajeros debe asumirse que aumenta también la frecuencia del número de vuelos (salida-llegada). Atender esta mayor frecuencia sin construir una calle de rodaje, aunado la conurbación existente y creciente, implica disminuir el factor de seguridad aeroportuaria. En el lote donde se encuentra el aeropuerto no existe el espacio necesario para la construcción de esta calle de rodaje, a menos que se adquieran los terrenos aledaños (una parte de ellos ya urbanizados) y se traslade la línea férrea que pasa paralela a la pista actual. Este es un alto costo adicional difícil de asumir sin apoyo de la Nación, cuya crítica situación fiscal, conocemos.
Importante anotar que la construcción de una calle de rodaje y la prolongación de la pista del aeropuerto Simón Bolívar tienen propósitos diferentes, tal como lo anota la Aerocivil: “[…] La construcción de una calle de rodaje paralela a la pista responde a la necesidad de aumentar la capacidad de pista, entendiendo como tal el número de operaciones/hora que el campo de vuelos del aeropuerto es capaz de atender […] Longitud de pista requerida en un aeropuerto se fundamenta en la tipología de la flota de aeronaves que está previsto opere en la instalación y en las rutas o destinos previstos atender con origen/destino en el aeropuerto[…]”.
De acuerdo con lo anterior, la ampliación propuesta por el Plan Maestro aeroportuario se mantiene la pista en 2.000 metros. En estas condiciones, Santa Marta nunca competirá con Cartagena o Barranquilla con vuelos tipo chárter a Europa. Si una de las fortalezas del turismo de naturaleza son los vuelos chárteres, se debe tener muy en cuenta el impacto de esta limitación para el mercado turístico de la ciudad.
Pero el riesgo no se limita a la falta de una calle de carreteo. El aeropuerto es por sí mismo una amenaza en su actual localización tal y como se determina el “POT 500 Años” en su Documento diagnostico anexo Dimensión Ambiental:

“3.11.5. Amenaza tecnológica por transporte aéreo […] A partir de la información evaluada por la consultoría entre Prosierra y AECOM Technical Services (2014), se establecieron los niveles de amenaza de acuerdo con metodologías similares a las utilizadas por la Aerocivil, estableciendo un área de amenaza tomando como centro el terminal del aeropuerto y generando entre franja y franja un límite de mínimo 2 km. En el Gráfico 168 se muestra las zonas en algún grado de amenaza tecnológica por transporte aéreo.”
Es cierto que hay algunos sectores nostálgicos que se oponen al traslado del aeropuerto. A estos nostálgicos solo podemos invitarlos a revisar los cientos de casos de ciudades en el mundo que han tomado esta decisión de sentido común cuando es evidente un equipamiento como este no puede estar por encima de las necesidades de desarrollo urbano de la ciudad y de la seguridad de sus habitantes.
Las razones enunciadas son de suficiente peso para que la ciudad comience, ya no a considerar, sino a definir el traslado del aeropuerto como punto de partida para el desarrollo de un nuevo centro urbano. Este nuevo centro urbano es una nueva oportunidad para que de manera articulada y planificada sectores público y privado construyan una nueva infraestructura y amplíen la oferta de servicios turísticos de alto nivel. Este objetivo significará para la ciudad:
i. Generación de empleos directos e indirectos para las poblaciones de la Zona Bananera, Ciénaga y Santa Marta.
ii. Integración eficiente de la ciudad-región.
iii. Generación de divisas por concepto de turismo es uno de los objetivos más importantes que se ha trazado el gobierno nacional como política de diversificación de exportaciones.
iv. Mayores ingresos para el físico municipal de Santa Marta y el municipio de la Zona Bananera.
v. Desarrollo de un nuevo núcleo urbano amigable, ordenado, accesible y ambientalmente sostenible en la zona sur de la ciudad de Santa Marta.
vi. A largo plazo, permite la operación de vuelos internacionales (alternativa que con la propuesta del Plan Maestro queda anulada).
vii. Los recursos que destinaría el gobierno nacional para el mejoramiento del aeropuerto actual se podrían direccionar a mejorar las condiciones sociales y el desarrollo de la ciudad y su área de influencia.

Lo que corresponde como en cualquier inversión pública, es que la ciudad estudie sus alternativas y tome decisiones a partir del análisis costo-beneficio de cada una de estas. Hasta ahora lo que la ciudad ha tenido es un Plan Maestro Aeroportuario que no analiza más opción que mantener el aeropuerto en su actual localización a costa de las oportunidades socioeconómicas que su traslado ofrece y con la necesidad de altas inversiones que podrían destinarse a proyectos con mayor beneficio social como el mejoramiento de servicios públicos. Esto sin contar la incertidumbre de que esta única alternativa estaría sujeta a las restricciones del Presupuesto Nacional. La opción de financiación por parte de la inversión privada es muy difícil en la localización actual.
¿Realmente la ciudad está dispuesta a gestionar una alta inversión para mantener el aeropuerto en su actual localización, y que con este, se bloquee el desarrollo su urbano?


1 Comment
Liliana Mercadal 31 Ago 2025
Creo que la solución parece mas a largo que a corto plazo. Es una pena. La inversión que se llevará a cabo en el aeropuerto en su actual ubicación es muy grande. como bien se expresa en el artículo, no se tiene en cuenta que las altas inversiones que demandarán las obras, podrían destinarse a proyectos con mayor beneficio social.