CACEROLAZO DE SECTORES EXCLUSIVOS DE SANTA MARTA: ¿LOS RICOS TAMBIEN LLORAN?

Por: Veruzka Aarón Torregroza

veruzkaaaron.t@gmail.com

 

Santa Marta vive una nueva temporada turística, y con ella, se repite una escena que ya no sorprende, pero sí indigna: una ciudad colapsada en sus servicios públicos esenciales. Mientras el gobierno distrital promueve a Santa Marta como destino internacional, la realidad que enfrentan residentes y visitantes es la de una ciudad donde el agua no llega con regularidad, el alcantarillado desborda y la basura se acumula en calles, playas y barrios. La temporada alta no crea la crisis, la evidencia. No obstante que estas crisis no son nuevas, su notorio recrudecimiento durante los últimos meses ha sobrepaso la indiferencia crónica de algunos sectores de la ciudad ante la deficiente gestión pública. Comienzan a presentarse brotes de inconformidad en sectores antes impensables como se trató del inédito “cacerolazo” protagonizado por residentes de los sectores Los Cocos y Bellavista para expresar el agotamiento de vivir entre el rebosamiento de aguas residuales. Este hecho marca un quiebre simbólico en la crisis urbana que atraviesa Santa Marta. En esta ciudad donde el discurso clasista es regularmente agitado como bandera política, esto podría interpretarse como que “los ricos también lloran”. Sin embargo, lo que debería entenderse es que la mala gestión pública suele democratizar sus graves impactos con mucha más eficacia que los beneficios de muchas políticas bien intencionadas.

 

Cuando la inconformidad deja de expresarse únicamente en los barrios históricamente marginados y se manifiesta en zonas de alta valorización, queda claro que el colapso de los servicios públicos y la mala gestión urbana se han convertido en un problema transversal de ciudad. Las razones no son técnicamente aisladas, pues mucho ha incidido la incapacidad del gobierno distrital, encabezado por Carlos Pinedo, para planificar, ejecutar y supervisar no solo la atención de emergencias sino las soluciones estructurales que se han esperado durante años. De padecer problemas críticos —agua, alcantarillado y aseo— la ciudad ha pasado a sufrir una falla sistémica que hoy compromete su funcionamiento urbano.

 

Este colapso es la consecuencia directa del fracaso de un “modelo” de ciudad que a lo largo del tiempo se ha construido y sostenido sin planeación integral, sin infraestructura acorde con su crecimiento y sin una gobernanza urbana capaz de anticipar los impactos de la expansión poblacional y del turismo masivo. La planeación territorial se ha tratado como un trámite administrativo y no como una herramienta estratégica. El resultado es una ciudad que crece sin estructura, sin sostenibilidad. Todo esto, se ha gestado en medio de la indiferencia de una gran parte de la ciudadanía y la ausencia de un escrutinio público riguroso capaz de corregir a tiempo el rumbo urbano.

 

Este gobierno que prometió el cambio del “cambio”, ha seguido fielmente el estilo de gestión de sus antecesores: atender las emergencias con discursos, pero no con resultados. Esto no sorprende de un alcalde -concejal de la ciudad durante 10 años- que en campaña prometió solucionar la crisis del agua en 6 meses. Con esa misma falta de rigor técnico su gobierno ha gestionado las crisis. En lugar de fortalecer capacidades institucionales o acudir a firmas con experiencia probada, el gobierno de Carlos Pinedo ha contratado consultorías sin una sólida experiencia técnica como ha documentado VoxPública en los procesos de Revisión del “POT 500 Años” y el Plan Maestro de acueducto y alcantarillado. La improvisación se ha convertido en política pública.

 

La protesta ciudadana es una respuesta lógica frente a un gobierno que anuncia planes y promesas mientras la ciudad opera al límite —o por debajo de él— de su capacidad. Sin embargo el ruido de las ollas no será suficiente mientras no se concreten acciones ciudadanas sostenidas que exijan transparencia en la contratación y decisiones sustentadas en sólidos criterios técnicos.

 

Por parte del gobierno, la ciudad no necesita más anuncios. Necesita decisiones técnicas, gestión eficiente y responsabilidad política. Porque cuando fallan los servicios esenciales, lo que realmente queda en evidencia es el fracaso del gobierno para cumplir su función más básica: servir a la gente.

 

Santa Marta no puede seguir vendiendo una postal turística mientras oculta una realidad de fallido institucional. Cada flujo masivo de turistas actúa como una prueba de estrés que deja al descubierto la precariedad de la planeación y la ausencia de soluciones estructurales. Puede que la magia del marketing logre atraer turistas, pero si esta precariedad continúa profundizándose, ¿cuántos de ellos estarán dispuestos a regresar?

 

Como advirtió Abraham Lincoln, “no se puede escapar de la responsabilidad del mañana evadiéndola hoy”. La crisis de los servicios públicos puede administrarse con discursos y propaganda por algún tiempo, pero sus consecuencias terminan alcanzando a todos, sin distinción.

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3 Comments

  • Elizabeth Raigosa 14 Ene 2026

    La fotografía que, magistralmente, describes de la crisis sanitaria de Santa Marta es más que un negativo, se le suma la inoperancia de la justicia. El Sector de Bello Horizonte, con igual o peores problemas de falta de agua, alcantarillado y exceso de aguas negras. Interpuso una Acción Popular, confiando que la ley esta para proteger los derecho de todos . Al día de hoy no ha fallado ni siquiera la Medida Cautelar, la cual aboga por detener la expedición de licencias de construcción, hasta tanto el sector cuente con las condiciones optimas para el desarrollo urbano.
    Así pues, solo queda las vías de hecho.

  • En el margen 14 Ene 2026

    A propósito, una pregunta:
    ¿En la historia (pasado/presente/porvenir) del llamado «Distrito Turístico, Cultural e Histórico» (su crecimiento per se) y del dpto del magdalena, qué es lo que no ha estado colapsando en medio de abundante y costosa propaganda con «imagenes o creaciones abstractas»?

  • Liliana Mercadal 15 Ene 2026

    Excelente artículo!!
    Penoso conocer esa realidad. Una vez más digo que Colombia es un hermoso País, y Santa Marta, más hermoso aún.

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