Por estos días, las cifras del DANE vuelven a poner sobre la mesa una realidad que, aunque afecta a todos, parece haberse normalizado debido a nuestra infortunada capacidad como sociedad de no corregir a tiempo, sino seguir adelante, incluso cuando los motores fallan. En Santa Marta, la ocupación crece… pero el empleo no necesariamente mejora. Los resultados de cada indicador del mercado laboral local no solo deben compararse con periodos anteriores o con promedios nacionales, sino analizarse a la luz de las particularidades de la economía local. Solo así podríamos aproximarnos a la comprensión del por qué, desde hace años, la mayoría de la población depende cada vez más de la informalidad, mientras los empleos formales muestran señales de precarización. Las cifras del empleo reportadas por el Dane posicionan a Santa Marta entre 23 ciudades analizadas como la 9ª con mayor desocupación (11.7%) mientras que el promedio de estas es de 9.9% y el del total nacional es de 9.6%.
De una población cercana a 508 mil habitantes, más de 396 mil están en edad de trabajar. Sin embargo, solo 238 mil participan activamente en el mercado laboral. Esto deja una Tasa Global de Participación del 60,1%, un indicador que, más allá de su valor técnico, evidencia que una parte importante de la población simplemente está por fuera del juego económico.
De quienes sí participan, 210 mil personas tienen algún tipo de ocupación. Esto ubica la Tasa de Ocupación en 53,0%, lo que implica que apenas poco más de la mitad de quienes podrían trabajar efectivamente lo hacen. A su vez, 28 mil personas están desocupadas, llevando la Tasa de Desempleo al 11,7%, una cifra que, aunque relevante, no alcanza a mostrar toda la dimensión del problema.
Otro aspecto crítico aparece al mirar la calidad del empleo. Cerca de 18 mil personas están subocupadas: trabajan, pero en condiciones insuficientes, ya sea por bajos ingresos, inestabilidad o jornadas incompletas. La Tasa de Subocupación del 7,5% confirma que en Santa Marta no solo falta empleo, sino empleo digno.
Pero el dato más revelador suele pasar inadvertido: alrededor de 158 mil personas están por fuera de la fuerza de trabajo. No trabajan ni buscan empleo. En este grupo conviven estudiantes y personas dedicadas al hogar, pero también una franja significativa de población desalentada, que ha dejado de buscar porque percibe que no hay oportunidades. Aquí se configura lo que podría llamarse un “desempleo invisible”, más difícil de medir, pero clave para entender la verdadera magnitud del problema.
A esto se suma una fuerza de trabajo potencial de unas 2 mil personas, que refleja un margen adicional de población que podría integrarse al mercado laboral si existieran mejores condiciones.
En conjunto, las cifras muestran que el problema laboral en Santa Marta es un problema estructural: baja participación, alta inactividad y una calidad del empleo que no logra sostener condiciones de vida estables.

Si estos datos se analizan durante un periodo más amplio (2023-2026) se observa al sumar la población desocupada y la población fuera de la fuerza de trabajo que, a pesar de pequeñas variaciones, se mantiene alta frente al total de la población.
En este hilo de indicadores, ya de por sí débiles, cobran mayor relevancia porque corresponden al primer trimestre del año, un periodo marcado por la alta actividad turística en Santa Marta.
El turismo, uno de los principales motores económicos de la ciudad, dinamiza sectores como el comercio, el transporte, la hotelería y la gastronomía, generando un aumento temporal del empleo. Sin embargo, ese impulso es claramente estacional. Muchos de los puestos que se crean en estos meses se reducen o desaparecen cuando cae la afluencia de visitantes, y, además, suelen ser empleos inestables, informales y de bajos ingresos. Esto ayuda a explicar por qué, incluso cuando crece la ocupación, persisten problemas estructurales como la baja productividad y la vulnerabilidad económica.
Una persona puede figurar como “ocupada” en las estadísticas -vendiendo en la calle, trabajando por días o dependiendo de la temporada turística-, pero eso no equivale a tener un empleo digno. No solo se trata de enfrentar el desafío del desempleo, sino, sobre todo, el de la calidad del empleo, esta es la lucha que Santa Marta va perdiendo.
Desde VoxPública, decidimos comparar las cifras del 1er trimestre/2026 con el mismo periodo durante los últimos tres años, y encontramos esto:

Mientras el porcentaje de población en edad de trabajar pasó de 76,4% en 2023 a 78,0% en 2026. La economía local muestra menor capacidad para absorber el aumento de personas en edad de trabajar. El resultado es más presión sobre el empleo, menos oportunidades reales y una creciente exclusión del mercado laboral. Aunque la subocupación disminuye, este no necesariamente es un buen síntoma; en un contexto donde cae el empleo y sube el desempleo, es probable que muchos trabajadores precarios hayan salido del mercado laboral o hayan pasado a engrosar las filas del desempleo.
Las cifras reflejan que Santa Marta sigue atrapada en un modelo laboral frágil, dependiente y profundamente desigual. Difícilmente este panorama cambiará si la ciudad no abre, de manera amplia y transparente, discusiones de fondo sobre el ordenamiento urbano, la decisión de gestionar grandes proyectos como el traslado del aeropuerto para habilitar un nuevo núcleo turístico y la urgente estructuración y contratación de soluciones para los problemas históricos de agua y alcantarillado.
Mientras estas decisiones continúen concentradas en unos pocos grupos empresariales y políticos, que han administrado el crecimiento de Santa Marta desde su mínimo potencial, bajo esa conocida lógica de “a caballo regalado…”, la ciudad seguirá atrapada en un círculo donde el empleo no solo se estanca en cifras, sino que agudiza su deterioro en calidad, estabilidad y oportunidades reales para la mayoría de sus habitantes.
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1 Comment
Anónimo 6 May 2026
Hola Veruzca, buen día! Buen escrito el de la empleabilidad en Santa Marta. Te faltó concluir que ya es tiempo de superar el modelo finquero de trazar, definir y administrar los destinos de esta ciudad! Buen día! y el reloj y calendario ya indican que seguimos viajando hacia los próximos 500 años con el mismo carro destartalado y con conductores que aún no aprenden a interpretar el plano de la ruta y no saben usar la brújula!