
En Santa Marta nos quejamos de los servicios públicos, la luz se está convirtiendo en casi un lujo, el agua llega cuando quiere, afortunadamente el gas funciona bien, pero es que hay un servicio que funciona con una eficiencia envidiable y es la recolección de basuras, pero no se trata de los contenedores o a los camiones de basura, se trata del mejor servicio para algunos, el Rio Manzanares.
Es tan eficiente para esas personas que no tiene tarifa según el estrato, simplemente recoge sus desechos y los arrojan al rio para que sean transportados con admirable puntualidad hasta la playa de Los Cocos.
Botellas plásticas, bolsas, empaques, muebles, carcasas de neveras, residuos y toda clase de desperdicios se convierten en pasajeros de un recorrido que comienza en las calles, continúa por el cauce del río y termina frente al mar Caribe, toda una ruta turística bastante particular.
Pero el Manzanares no es una caneca de tamaño industrial como algunos creen que es, tampoco es una planta de tratamiento de basuras, es un rio que atraviesa la cuidad y debería ser parte de nuestro patrimonio ambiental pero nunca el mensajero de la falta de cultura ciudadana de algunos.
Dentro de este tercermundista panorama, hay alguien que ha encontrado una manera de llamar la atención sobre el problema, es el caso de un Ingeniero Ambiental que en voz de protesta de manera sarcástica y con algo de humor, posa en los sofás que han sido arrastrados por el rio y que llegan a la Playa de los Cocos.
Las imágenes tienen más fuerza que muchos discursos de político en campaña, un sofá en la playa con el personaje posando que pareciera ser sacado de una comedia costeña se convierte en una realidad que debería avergonzarnos.
Esta voz de protesta tiene como iniciativa utilizar el humor, la creatividad y el impacto visual para despertar conciencia ciudadana, en ningún momento se trata de generar burla y menos de celebrar que los muebles lleguen a la playa, sino de demostrar lo ridículo que resulta que una ciudad con semejante riqueza natural permita que sus ríos transporten hasta sofás.
Ojalá estas fotografías no se queden solamente en los comentarios jocosos de las redes sociales, también que sirvan para que las autoridades actúen, los ciudadanos reflexionen y todos entendamos que recuperar el Manzanares es una responsabilidad compartida.
Al ingeniero ambiental hay que reconocerle su creatividad y el mensaje que transmite ya que con una simple fotografía logra poner sobre la mesa o mejor sobre el sofá un problema que muchos prefieren ignorar.
El problema del Manzanares requiere acciones concretas y definitivas, se requieren jornadas permanentes de limpieza, recuperación de puntos críticos, educación ambiental en los barrios, control de los vertimientos y seguimiento a quienes utilizan el cauce como sitio de disposición de residuos y seleccionar a un grupo de buenos ciudadanos como vigías del rio que se encarguen de evitar en tiempo real que se arroje basura al río.
Otra manera de minimizar ese problema es dignificar el trabajo de los recicladores, reconocerles con mayores ingresos la recuperación de materiales aprovechables, esto no solo contribuye una labor fundamental para el medio ambiente y la salud pública, también constituye una mejor calidad de vida para esas personas.
Por eso, debemos dejar de mirar al reciclador con indiferencia y empezar a reconocerlo como un aliado indispensable en la protección de nuestros recursos naturales, brindarle condiciones laborales dignas, herramientas adecuadas y oportunidades para fortalecer su labor, eso es una inversión para el bienestar de toda la sociedad.
Pero dignificar al reciclador también exige cambiar nuestra cultura ciudadana, no podemos seguir arrojando basura a los ríos mientras esperamos que otros resuelvan las consecuencias de nuestra irresponsabilidad, separar los residuos en casa, entregar los materiales aprovechables a los recicladores y disponer adecuadamente de los desechos son acciones sencillas que pueden marcar una gran diferencia.
El Manzanares no es un basurero y la función del reciclador no es cargar la irresponsabilidad y la falta de conciencia de quienes arrojan basura al rio, dignificar su trabajo es también dignificar nuestro compromiso con el medio ambiente.
Santa Marta se promociona como un destino de sol, playa, naturaleza y biodiversidad, pero de nada sirve tantos elogios si algunos deciden regalarle al mar los muebles que ya le estorban en casa.
Y, por supuesto, debemos dejar de tratar los ríos como si fueran alcantarillas naturales, lo que arrojamos en sus orillas no desaparece por arte de magia, puede desplazarse, acumularse, afectar los ecosistemas y terminar en el mar, donde el problema se vuelve más visible y más difícil de controlar.


