EL GESTO QUE LE REGALAMOS AL PODER

 

Una infografía pregunta qué le devolvería el poder a la gente de bien, y la corona un gesto que todos conocemos: los hombros levantados. Esta columna propone tomarse en serio ese gesto. No es una respuesta: es la manera más silenciosa que tenemos de entregar el poder, una y otra vez.

 

Hagamos un experimento. Imagine que mañana, a las siete, alguien toca a su puerta y le devuelve el poder. Así, entero, en una caja de cartón con su nombre escrito a mano. Ya no hay excusa: lo que pasa en su barrio, en nuestro municipio, depende ahora de usted.

 

Ahora viene la parte difícil. Es lunes. Son las siete y diez. Tiene la caja sobre la mesa del comedor. ¿Qué hace con ella? ¿A quién llama primero? ¿Qué decide? ¿Con quién lo decide?

 

Hice esta pregunta muchas veces, en salones comunales, en tiendas y en canchas. La respuesta más frecuente no fue una idea ni un plan. Fue un gesto: los hombros arriba, las palmas abiertas, media sonrisa. El mismo que aparece en los teléfonos con tres rayas y una cara pequeña: ¯\_(ツ)_/¯.

 

FRASE DEL ARTEZANO: Pedimos que nos devuelvan el poder sin saber qué haríamos con él el lunes a las siete.

 

El experimento del lunes

El experimento no busca avergonzar a nadie. Busca mostrar algo que George Lakoff explicó mejor que nadie: las palabras encienden marcos, y el marco decide la conversación antes de que empiece. «Devolver» pone el poder en manos ajenas y nos deja a nosotros en la fila de espera. Mientras la pregunta sea quién nos devuelve el poder, la respuesta siempre será un nombre ajeno.

 

Hannah Arendt lo dijo con una precisión que incomoda: el poder no es una cosa que alguien posee, sino algo que aparece cuando un grupo actúa junto y desaparece cuando el grupo se dispersa. Por eso la caja del experimento llega vacía. No hay poder que entregar en una caja: solo hay vecinos que deciden juntarse o quedarse en la casa.

 

Y la gente de bien, ¿dónde queda? No en un bando ni en una etiqueta, que hoy se usa más para separar que para reunir. Gente de bien es quien hace lo que corresponde cuando nadie mira, quien enseña con su conducta y quien quiere ganar sin dejar de mirar a su barrio a los ojos. Esa gente existe en todos los barrios, vote por quien vote.

 

EL ARTEZANO PREGUNTA: Si mañana le devolvieran el poder, ¿sabría con quién de su cuadra empezar a usarlo?

 

Lo que dicen los hombros

Paulo Freire describió la cultura del silencio: la de quienes, de tanto no ser escuchados, terminan creyendo que no tienen nada que decir. El encogimiento de hombros es nuestra versión cotidiana de ese silencio. No dice «no me importa»: dice «no me corresponde».

 

Y ahí está el problema. Cada vez que levantamos los hombros ante el parque cerrado, la obra a medias o la junta sin quórum, le estamos diciendo a quien decide por nosotros que puede seguir haciéndolo. El gesto parece neutral, pero tiene destinatario. Es un regalo pequeño, que se repite cada tarde, y que al final de cuatro años suma un mandato completo.

 

EL ARTEZANO PREGUNTA: ¿A quién le ha regalado usted el poder este año, sin darse cuenta, con un simple encogimiento de hombros?

 

FRASE DEL ARTEZANO: El encogimiento de hombros no es neutral: es la firma más barata que le ponemos a lo que otros deciden por nosotros.

 

Tres hombros que se cansaron

Llevo veintinueve años caminando 387 territorios, y también he visto a la gente bajar los hombros. En Maicao, Angie, maestra de tercero de primaria, se cansó de ver a sus estudiantes jugando entre las motos porque la cancha del barrio seguía con cadena. Una tarde, en lugar de levantar los hombros, reunió a cuatro madres y fueron juntas a la junta a preguntar quién tenía la llave.

 

En Buga, Romain, mecánico de motos, dejó de esperar a quien le prometió devolverle la ciudad. Los jueves, después de cerrar el garaje, se sienta con los mecánicos de su cuadra a escribir lo que su cuadra logrará en un año y lo que el sector quiere en cinco. Ya no pregunta quién le va a devolver algo: pregunta quién se queda a escribir.

 

En nuestro municipio, Gabriel, de setenta y un años, había entregado la llave del salón comunal por una promesa. Hoy la llave tiene tres copias y un turno fijo para abrirlo. A Gabriel nadie lo convenció con un discurso: lo convenció ver a sus vecinos abrir el salón a la hora acordada, semana tras semana. El ejemplo enseñó lo que ninguna promesa había logrado.

 

Orlando Fals Borda insistió en que el saber de la gente vuelve a la gente convertido en acción. Eso hicieron los tres. Más de mil semillas sembradas y más de trescientos tejedores activos después, los «Asterias» que vemos despertar se parecen a ellos: no son héroes, son vecinos que bajaron los hombros y levantaron las manos.

 

EL ARTEZANO PREGUNTA: ¿Qué pasaría en su barrio si esta semana tres personas decidieran bajar los hombros al mismo tiempo?

 

FRASE DEL ARTEZANO: El poder no vuelve cuando alguien lo devuelve: vuelve cuando tres vecinos dejan de esperar al mismo tiempo.

 

Del hombro a la mano

El método empieza por notar el gesto. La próxima vez que sienta los hombros subiendo, deténgase y escriba en una hoja qué fue lo que le hizo levantarlos. Al final de la semana tendrá una lista: es el mapa exacto de lo que usted ha delegado sin decidirlo.

 

Después, responda en familia tres preguntas, con la fecha arriba. ¿Quién nos importa? ¿Qué nos importa? ¿Para qué hacemos política? Lleve la hoja a la próxima reunión de su junta. Léala en voz alta. No pida permiso: la junta es suya.

 

El hombro baja el día que hacemos lo que corresponde aunque nadie nos esté mirando. Nadie aplaude una hoja escrita en la mesa del comedor, y por eso mismo vale: es la prueba de que no lo hicimos para la foto.

 

FRASE DEL ARTEZANO: Cada vez que un hombro baja y una mano escribe, el barrio recupera un pedazo de lo que creía prestado.

 

Las manos que se cuentan

Un barrio que deja de encogerse de hombros necesita algo que lo sostenga cuando pase el entusiasmo. Una meta crucial para la cuadra a un año, dentro del sueño del barrio a cinco, escrita y firmada por tres vecinos. Unas pocas acciones semanales, cada una con dueño. Un tablero en la pared del salón comunal. Y una rendición de cuentas con día y hora fijos, haya o no buenas noticias.

 

Marshall Ganz enseñó que la gente se moviliza cuando cuenta tres historias juntas: la propia, la del nosotros y la del ahora. La de Angie, la de Romain y la de Gabriel ya son una historia del nosotros. La del ahora la escribe usted.

 

FRASE DEL ARTEZANO: Las manos que se cuentan cada semana, delante de todos, ya no le vuelven a regalar nada a nadie.

 

La advertencia de los hombros

El orden que tenemos invertido se corrige con una escalera. La cuadra escribe su compromiso a un año; el barrio, su sueño a cinco; las juntas vecinas lo cruzan para el de la localidad a doce; las localidades juntas escriben el del municipio a veinte. Primero el proyecto; después los candidatos, salidos de quienes lo construyeron.

 

Esa es la misión que nos trajo aquí: primero fortalecemos, después despertamos y, como consecuencia, ganamos. En «Esperanzía» los votos son la consecuencia de manos que ya estaban trabajando. Queremos ganar, sin rodeos; pero ganar de una manera que nos permita seguir mirando a la cuadra a los ojos al día siguiente.

 

Faltan poco más de trescientos setenta días para la próxima elección, y la advertencia es sencilla. Si seguimos levantando los hombros, en 2027 volveremos a elegir a alguien para que nos devuelva lo que nunca entregamos de verdad. Si los bajamos esta semana, elegiremos a quien ya estaba con nosotros escribiendo la hoja.

 

Menos hombros, más manos.

¡Tejemos lo que soñamos. Vivimos lo que tejemos!

¿Estás listo para tejer, vivir y sentir el poder transformador en tu territorio?

© 2026 Esteban Zambrano · «El ArtEZano De La Política» · WhatsApp 319 386 4348 · lajugadamaestraalpha@gmail.com

  • X / Twitter: @elartEZanopolis

Comparte:

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Otros artículos:

VOX_B-01

Todos los derechos reservados © 2025