CABO TORTUGA: ¿CRÓNICA DE UN DESASTRE ANUNCIADO?

 

Hay decisiones públicas que llegan tarde. La de gestionar el avance de la erosión costera era una de ellas. La línea de costa retrocedió hasta borrar lo que antes era un espacio natural de amortiguación entre el mar y la ciudad. En 2003, el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas (CIOH) advirtió que la erosión en el Caribe colombiano, particularmente en el Magdalena, era un fenómeno predecible, medible y progresivo. Aun así, esas alertas no se tradujeron en decisiones estructurales por parte de los distintos gobiernos departamental y distrital. El caso de Cabo Tortuga no es un evento aislado, tiene como antecedentes la erosión en los sectores del corredor hacia el Aeropuerto, la Bahía de Santa Marta, El Rodadero y Playa Salguero. Para Playa Salguero, se suscribió un contrato por $25 mil millones que prometía frenar la erosión y hoy es una obra por la que nadie responde. Ahora, en Cabo Tortuga donde hoy se prenden las alarmas, la administración distrital anuncia la recuperación de 0,57 hectáreas con más de 14 mil metros cúbicos de sedimento para lograr una franja de unos 20 metros. Para esto, ha optado por extender la calamidad pública para destrabar trámites y acelerar intervenciones con el riesgo de caer en el mismo error que cometió con Playa Salguero. Desde la lógica operativa, tiene sentido “acelerar” trámites. Sin embargo, cabe preguntarse: si estaba advertido el avance de este fenómeno ¿por qué hasta ahora? Y, más aún, con tantos antecedentes ¿es Cabo Tortuga la crónica de un desastre anunciado?

 

 

Crédito fotos: EL Tiempo

 

El antecedente de Playa Salguero resulta inevitable mencionarlo. La obra de Playa Salguero fue adjudicada manera directa en 2023, bajo la figura de urgencia manifiesta, con tiempos mínimos para la competencia. Desde el inicio hubo advertencias técnicas: autoridades como la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) y Dimar señalaron que no se trataba de obras temporales, sino de intervenciones permanentes que requerían licencia ambiental previa. Aun así, el proyecto avanzó.

 

Crédito Foto: El Espectador

 

En octubre de 2023, la ANLA ordenó su suspensión precisamente por la ausencia de esos permisos. Para entonces, solo se había construido un espolón completo y otro a medio camino. El resto nunca pasó del papel.

 

El dinero, en cambio, sí se movió. Se giró un anticipo cercano a los $8 mil millones, cuya ejecución ha sido cuestionada por veedurías, mientras ni entes de control ni autoridades se pronuncian al respecto. Lo que quedó en terreno fue peor: estructuras incompletas, un proyecto detenido y una erosión que no solo continuó, sino que, según reportes técnicos, pudo haberse intensificado en zonas aledañas por efectos mal calculados de las obras parciales.

 

Inevitable preguntar: ¿Qué gestión adelantó la actual administración frente a este proyecto?

 

En 2024, durante su cuarto mes, el gobierno actual, reconocía ante medios nacionales que: “Alcaldía desconoce estado del proyecto. Ante esta situación, la alcaldía de Carlos Pinedo ha admitido que en el empalme no recibió información detallada sobre el estado y los problemas del proyecto.” https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/obras-inconclusas-en-salguero-prolongan-erosion-costera-a-playas-del-sur-de-santa-marta-3330234.

En 2026, el gobierno distrital sigue sin claridad sobre el estado real del proyecto. Así se desprende de la respuesta de la ANLA a un derecho de petición presentado por José Humberto Torres (radicado 20266200352492), en el que se consultaba si la Alcaldía de Santa Marta había dado cumplimiento a las condiciones establecidas en la Resolución 2332 del 9 de octubre de 2023. La entidad fue contundente: en el Concepto Técnico No. 7418 del 5 de septiembre de 2025 se concluyó que no se han cumplido las condiciones para levantar la medida preventiva, en particular la obtención de la licencia ambiental requerida. En consecuencia, mediante la Resolución 2470 del 10 de octubre de 2025, la ANLA decidió mantener dicha medida. https://diariolalibertad.com/sitio/2026/04/11/despues-de-27-meses-pinedo-no-ha-cumplido-los-requisitos-para-obtener-licencia-ambiental-y-continuar-con-el-proyecto-de-espolones-en-playa-salguero-anla/ Dos años después, el proyecto sigue suspendido y sin los requisitos mínimos para su reactivación.

 

Es probable que, como lo advirtieron algunos expertos, la solución contratada durante el gobierno de Virna Johnson no fuera la más adecuada. Pero ese posible error no exonera a la administración actual. Frente a la evidencia de un proceso acelerado de erosión costera que exigía atención inmediata, y que tendría afectaciones sobre otros sectores aledaños, el gobierno de Carlos Pinedo Cuello no podía simplemente tomar distancia. Tampoco hay justificación para que, tras más de 27 meses, se haya desatendido de un proyecto en el que están comprometidos $25.000 millones de recursos públicos. En este escenario, el problema deja de ser solo heredado. En la gestión pública, la inacción prolongada termina siendo tan grave como las decisiones equivocadas.

 

La erosión costera no es la suma de eventos aislados y, por tanto, no debe tratarse de manera fragmentada. Es el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí, tanto naturales como antrópicos. En el caso de la zona sur de Santa Marta, estos procesos se han visto agravados por intervenciones en la línea de costa, urbanización sin la debida planificación, alteración de corrientes marinas y la pérdida de coberturas naturales como manglares y dunas. En ese contexto, “reconstruir la playa” corre el riesgo de convertirse en una solución temporal si no se corrigen las causas estructurales que originan y aceleran el problema.

 

¿Pudo evitarse el desastre en Cabo Tortuga?

 

Sí pudo mitigarse. Sí pudo anticiparse. Y, sobre todo, sí pudo gestionarse mejor.

 

Por eso, la discusión debe ir más allá de una obra puntual. Cabo Tortuga no es un caso aislado: es un síntoma. Un reflejo de cómo se ha ocupado y gestionado, o mal gestionado, el borde costero de Santa Marta.

 

Se necesita no solo reconstruir una playa, sino construir una política seria de manejo costero. Una que articule ingeniería, planificación urbana y protección ambiental. Que entienda que las playas no son postales turísticas, sino sistemas vivos que protegen la ciudad.

 

Porque el mar seguirá avanzando. La pregunta es si la ciudad seguirá reaccionando tarde.

 

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