EL MAGDALENA QUE NO PUEDE SEGUIR NORMALIZANDO LA IMPROVISACIÓN

 

Por Ives Danilo Díaz Mena

 

En el Magdalena se volvió costumbre convivir con la improvisación, como si fuera un vecino más. Aquí todo se resuelve “sobre la marcha”, como si el destino del territorio pudiera manejarse con parches, excusas o la eterna frase de que “no había plata”. Pero la verdad, dicha sin anestesia, es otra: el problema no es la falta de recursos, es la falta de planificación seria.

 

Y nosotros, los hijos de esta tierra que amamos incluso cuando duele, sabemos que esta improvisación ya se volvió una amenaza. Santa Marta, la ciudad más antigua del país, vive con servicios del siglo pasado; y el departamento entero parece caminar con un pie en el futuro y el otro atrapado en el abandono.

 

No se puede planear desarrollo con diagnósticos vencidos. No se puede hablar de progreso cuando las obras se anuncian antes de saber si son viables. Y no se puede transformar un territorio cuando quienes lo gobiernan le apuestan más a la reacción que a la prevención.

 

Peter Drucker decía la planificación a largo plazo no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de las decisiones presentes.” Eso es exactamente lo que nos falta: gobiernos que entiendan que su deber es prever, no improvisar.

 

Porque aquí ya normalizamos lo anormal:

Normalizamos que cada lluvia se convierta en emergencia.

Normalizamos que cada rotura de tubo deje barrios enteros sin agua.

Normalizamos que las vías terciarias se reparen solo cuando hay cámara grabando.

Normalizamos que la pobreza se mida cada cuatro años… y se olvide cada lunes.

 

Y mientras seguimos normalizando el caos, las oportunidades se nos escapan como agua entre los dedos.

 

Pero este texto no es un lamento, es un llamado.

 

El Magdalena necesita líderes que sepan leer el territorio, que planifiquen con rigor, que tomen decisiones basadas en datos y no en fotos. Necesita coherencia, gestión y visión. Un liderazgo que entienda que el desarrollo no nace del azar ni del improvisado que “resuelve como puede”, sino del que se prepara, estudia, analiza, prevé y ejecuta con propósito.

 

Lo digo con la convicción del abogado, del docente, del ciudadano que camina esta tierra: si queremos un Magdalena que avance, tenemos que desterrar la improvisación como modelo político.

 

Que no nos dé miedo pedir gestión seria. Que no nos dé miedo exigir planificación. Que no nos dé miedo construir un territorio donde la eficiencia no sea un milagro, sino una obligación.

 

Porque el Magdalena que soñamos no se improvisa: se planifica, se trabaja y se honra.

 

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1 Comment

  • mane vega 17 Dic 2025

    planificaciòn y seriedad son los términos clave.

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