LA SILLA QUE NADIE QUIERE OCUPAR

 

Es la asamblea de la junta y hay que elegir quién maneja la plata. Cuarenta vecinos miran al piso. Esta columna cierra el recorrido de sanación del territorio preguntándose por qué le huimos al cargo, y qué pasa con el poder cuando nadie lo quiere tener a la vista.

 

Son las siete de la noche en el salón comunal de nuestro municipio y la asamblea llegó al punto que todos temían: elegir tesorero. Hay cuarenta vecinos, tres nombres posibles y ninguna mano levantada. Alguien propone al de siempre. El de siempre dice que ya no más.

 

En la tercera fila, un obrero murmura que el que sube se olvida de dónde venía. Al fondo, una muchacha del colectivo juvenil explica que ellos son horizontales y que allá nadie manda. Y junto a la puerta, un vecino que ya no cree en nada resume lo que piensan los tres: toda estructura termina siendo una maquinaria.

 

Llevo veintinueve años caminando 387 territorios, y esa silla vacía la he visto en todos. No es pereza ni falta de compromiso. Es una forma de cuidarnos del poder que aprendimos viendo lo que el poder hizo con otros, y que nadie ha vuelto a revisar.

 

FRASE DEL ARTEZANO: Le huimos al cargo porque creemos que el poder daña a quien lo toca. Pero el poder que nadie asume no desaparece: se queda con quien nunca fue elegido.

 

El que sube se olvida

El obrero tiene razones. Vio a compañeros que llegaron a la directiva y negociaron aparte. Lo que casi nunca se pregunta es por qué pudieron hacerlo: porque el cargo se ejercía a discreción, sin regla escrita y sin fecha para rendir cuentas.

 

La organización se había armado alrededor de una persona en un momento de afán, y la urgencia siempre concentra poder. Después nadie tuvo tiempo de escribir cómo se decide y cómo se releva. La única defensa que quedó contra la traición fue no entregarle poder a nadie, y sin poder delegado no hay organización que camine.

 

EL ARTEZANO PREGUNTA: La última organización que usted vio romperse, ¿se rompió porque faltó honestidad o porque faltaron reglas?

 

FRASE DEL ARTEZANO: El poder no corrompe cuando está vigilado: corrompe cuando está solo. Lo que protege no es que nadie mande, sino que quien manda rinda cuentas con fecha.

 

Aquí nadie manda

La muchacha del colectivo también tiene razones. Las jerarquías que conoció fueron impuestas y no le respondían a nadie. De ahí concluyó, con lógica, que lo mejor era no tener ninguna.

 

Pero basta contar. De las últimas cinco decisiones importantes del grupo, ¿quién las tomó? El nombre casi siempre se repite: el que tiene más tiempo, más voz o más contactos. Nadie lo eligió, y por eso mismo nadie puede pedirle cuentas ni relevarlo. La horizontalidad sin reglas produce la jerarquía más difícil de ver.

 

Y la factura llega tarde: los más comprometidos se agotan, y el grupo se disuelve sin que nadie sepa explicar por qué.

 

FRASE DEL ARTEZANO: En un grupo sin roles siempre manda alguien, solo que sin haber sido elegido y sin poder ser relevado. La estructura no crea el poder: lo hace visible y removible.

 

El que ya no cree

El vecino de la puerta ha visto tantas promesas rotas que la desconfianza se le volvió oficio. Las estructuras que conoció repartían puestos y contratos, y de ahí sacó su regla: entre menos estructura, menos corrupción.

 

Solo que esas estructuras tenían algo en común: ninguna publicaba resultados. Cuando no hay indicador, la única manera de medir el éxito de una organización es contar cuántos puestos reparte. El problema nunca fue que hubiera estructura: fue que nadie midiera.

 

Por eso su retiro sale tan caro. Él apoya solo lo suelto, lo que no deja rastro, y lo que no deja rastro no se puede auditar. El mejor vigilante del barrio se queda sin nada que vigilar.

 

EL ARTEZANO PREGUNTA: De todas las organizaciones que usted ha criticado, ¿cuántas tenían un tablero de resultados a la vista de todos?

 

FRASE DEL ARTEZANO: Lo que corrompe no es la estructura: es la estructura sin indicador. Una organización que publica su tablero se puede auditar; una suelta, no.

 

El supuesto detrás de la silla

Edgar Schein enseñó que una cultura se lee en tres niveles: lo que se ve, lo que se declara y lo que se da por sentado. En el salón comunal, lo que se ve es la silla vacía. Lo que se declara es «aquí todos somos iguales». Y el supuesto que de verdad manda dice otra cosa: el poder es corrupto por naturaleza.

 

Sakichi Toyoda pedía preguntar «por qué» cinco veces. Aquí el quinto porqué no encuentra gente floja: encuentra organizaciones levantadas en la urgencia, alrededor de un nombre, que nunca escribieron cómo se decide ni cómo se entrega el cargo.

 

Kurt Lewin advirtió que una creencia descongelada regresa si no se congela otra en su lugar, y la estructura es justamente eso: la forma de que lo aprendido no se derrita. Marshall Ganz lo dice desde la organización comunitaria: liderar es aceptar la responsabilidad de crear las condiciones para que otros logren un propósito compartido. No es mandar: es responder.

 

FRASE DEL ARTEZANO: Evitar el poder no lo limpia: lo esconde. Un cargo con período, funciones escritas y fecha de relevo deja de ser un botín y se vuelve un turno.

 

Cómo se hace, sin retórica

Cinco pasos. Una hora. La misma asamblea que no encontraba tesorero. Este método no pide confiar en nadie: pide escribir.

 

Primero, el diagnóstico: cinco preguntas de sí o no. ¿Hay plan escrito? ¿Hay reuniones fijas y no solo en crisis? ¿Hay roles claros? ¿Se anota lo aprendido? ¿Sobreviviría el grupo si se va quien lo lidera? Se cuentan los no. Segundo, los roles: quién decide, quién ejecuta y quién verifica, cada uno con período y con fecha de entrega. Nadie pelea por un cargo que va a entregar en seis meses.

 

Tercero, la meta y el tablero: una sola meta que importe, dos medidas que se puedan contar cada semana y una cartelera donde cualquiera las vea. El que ya no cree en nada es el indicado para llevarla. Cuarto, la cita fija: mismo día, misma hora, treinta minutos, haya o no haya urgencia, con acta y con vocero distinto cada vez.

 

Quinto, el registro: roles, tablero y actas quedan fechados y se vuelven la columna vertebral del proyecto del barrio a cinco años, que las juntas vecinas cruzan para escribir el de la localidad a doce y que las localidades juntas llevan al del municipio a veinte. Primero ese proyecto; después, y salidos de quienes lo construyeron y rindieron cuentas, los candidatos.

 

FRASE DEL ARTEZANO: Tres cosas separan un proceso de un taller: una cita con fecha fija, un tablero a la vista y un relevo con nombre. Si faltan, hubo entusiasmo, no estructura.

 

Donde ya está pasando

En Santa Marta, en Sincelejo y en cualquier barrio de nuestro municipio he visto la misma escena: una asamblea que deja de buscar al más honesto y empieza a escribir las reglas del cargo. Ese día aparecen manos que antes no se levantaban, porque el puesto ya no es una condena ni una tentación: es un turno con fecha de salida.

 

Más de mil semillas sembradas y más de trescientos tejedores activos después, la lección se sostiene: la gente no le huye al trabajo. Le huye al cargo sin reglas.

 

EL ARTEZANO PREGUNTA: Si quien hoy lidera su organización faltara una semana completa, ¿qué seguiría funcionando?

 

Lo que queda en pie

Con esta columna termina un recorrido. Un territorio sana cuando se reconoce, cuando sabe hacia dónde va, cuando vuelve a sentir el daño y cuando se junta con reglas. Pero todo eso dura un año si nadie construye lo que lo sostiene, y deja más desconfianza de la que había antes de empezar.

 

La asamblea volverá a reunirse, con las mismas cuarenta sillas y la misma pregunta. Lo que puede no repetirse es el silencio, si antes de pedir un nombre alguien pone sobre la mesa las reglas del cargo.

 

Todavía es posible que las juntas lleguen a la campaña de 2027 con roles escritos, tablero y relevo, y sean ellas las que pidan cuentas. Después, la silla vacía ya tendrá sentado a alguien que nadie eligió.

 

FRASE DEL ARTEZANO: El poder no se evita: se estructura. Lo que no tiene dueño visible siempre termina teniendo un dueño oculto.

 

La silla vacía también manda.

¡Tejemos lo que soñamos. Vivimos lo que tejemos!

 

¿Estás listo para tejer, vivir y sentir el poder transformador en tu territorio?

 

© 2026 Esteban Zambrano · «El ArtEZano De La Política» · WhatsApp 319 386 4348 · lajugadamaestraalpha@gmail.com · X / Twitter: @elartEZanopolis

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