Cuando un proyecto ciudadano termina sentado con los de siempre, la explicación llega sola: ellos tenían la plata. Esta columna sigue el rastro de esa plata en nuestro municipio y encuentra que casi nunca gana una pelea. Llega tarde, cuando el proyecto ya está cansado, a recoger lo que cada quien dejó por su lado.
Faltan seis semanas para la elección y en la sede de un proyecto ciudadano de nuestro municipio la reunión termina a las diez de la noche. Sobre la mesa quedan una valla sin pagar, unos refrigerios fiados y una lista de apoyos con cientos de nombres y ninguna tarea.
Al otro día llega la visita que todos esperaban y nadie quería: los de siempre ofrecen ponerse al día con las deudas si el proyecto se suma. El comerciante que puso para la valla se encoge de hombros. La contadora que llevó las cuentas en su cuaderno dice que lo vio venir. Y un barbero joven, que repartió volantes todo un mes, lo resume mejor que nadie: el que es bien se quema o termina con los mismos.
Llevo veintinueve años caminando 387 territorios y he visto esa mesa muchas veces. La conclusión casi siempre es la misma: perdimos porque ellos tenían la plata. Esa conclusión es cómoda, y por eso hay que revisarla.
FRASE DEL ARTEZANO: La plata no derrota a los proyectos con buenas intenciones: llega a recoger los hilos que dejamos sueltos. Lo que encuentra tejido no lo puede comprar.
La plata llega de última
Miremos lo que se ve. El proyecto llega a la recta final dependiendo de la plata y de los votos que manejan otros. En ese punto solo quedan dos puertas: irse para la casa o sentarse con los mismos. Ninguna de las dos se escogió esa noche; se fueron construyendo desde el primer día.
Porque la plata no apareció de repente. Apareció en el momento exacto en que el proyecto dependía de una sola cuenta, una sola agenda y un solo teléfono. No llegó a pelear: llegó a recoger.
EL ARTEZANO PREGUNTA: ¿Cuántos proyectos buenos ha visto apagarse en su municipio, y con quién terminó su gente?
FRASE DEL ARTEZANO: El adversario no siempre es más fuerte: casi siempre está más organizado. La plata no compra lo tejido; compra lo que encuentra suelto.
Campaña u organización
Sakichi Toyoda pedía preguntar «por qué» cinco veces. El segundo porqué es fácil de ver y difícil de aceptar: el proyecto se armó como campaña, no como organización. Empezó por el candidato, a pocos meses de la elección, y la plata, los contactos y las decisiones pasaban por una o dos personas.
Una campaña dura meses y se va con el candidato. Una organización queda, y sobrevive a quien la fundó. La primera pregunta de una campaña es quién; la de una organización es para qué. Cuando el quién llega antes que el para qué, el proyecto ya tiene precio, aunque todavía no lo sepa.
FRASE DEL ARTEZANO: Primero el para qué; después el quién. Un propósito que cualquiera puede repetir no se negocia en una noche, porque no le pertenece a una sola persona.
A quién le sirve
El tercer porqué incomoda a los dos lados. A los de siempre les sale más barato sumar un proyecto suelto que competir contra uno organizado: basta convencer a una persona. Y a quien arranca, improvisar una campaña le exige menos que dar la cara cada mes con las cuentas en la mano.
Edgar Schein enseñó que una cultura se sostiene en lo que da por sentado. Aquí damos por sentado que la plata se consigue después, que las cuentas se rinden al final y que la estructura es un trámite. Ese arreglo le conviene a todos, menos a quienes creyeron. Ellos quedan dispersos, señalados en su barrio y con menos ganas de volver a creer. Y los jóvenes que miraban aprenden que intentarlo no paga.
EL ARTEZANO PREGUNTA: Si usted fuera de los de siempre, ¿con cuál proyecto preferiría negociar: con el que depende de una persona o con el que rinde cuentas cada mes delante de todos?
FRASE DEL ARTEZANO: Un proyecto que tejen y sostienen muchos, poniendo poco cada uno, no tiene un dueño que lo pueda vender. La independencia se construye de a poquitos y a la vista.
El hilo guardado en la casa
Marshall Ganz describe la organización comunitaria como el oficio de convertir los recursos que la gente tiene en el poder que necesita. La frase invierte la pregunta de siempre. No empieza por lo que ellos tienen, sino por lo que ya está en nuestras casas: horas, oficios, contactos, un patio, una moto, una cocina.
Kurt Lewin advertía que lo que se descongela y no se vuelve a fijar, se devuelve. Por eso no basta con descubrir esos recursos en una reunión: hay que escribirlos, sumarlos y ponerlos a la vista de todos. Orlando Fals Borda lo volvió método: que la gente investigue su propia realidad y se quede con lo que encontró.
Cuando una sala suma lo que cada quien puede poner por semana, aparece una cifra que nadie esperaba. Lo que cada uno vivió como poca cosa era hilo guardado en la casa.
Cómo se hace, sin retórica
Un proyecto con vocación real de poder se teje en un orden, y el orden importa. Primero, un propósito compartido: el municipio que nos merecemos, dicho en una frase que cualquiera repite. Segundo, el proyecto: el camino completo para llegar, no solo el nombre de un candidato. Tercero, los indicadores: números que se miran en fechas acordadas y dicen si vamos ganando o no.
Cuarto, una estructura con roles, donde cada quien sabe qué le toca y a quién le responde. Quinto, un plan de acción por cada equipo, todos tejiendo hacia la misma meta. Sexto, los recursos vitales: de dónde sale lo que sostiene el proyecto, a la vista de todos. Séptimo, las personas que lo hacen posible: facilitadores que lo llevan hasta el final.
Y en el camino, dieciocho rendiciones de cuentas: ocho en la primera fase y diez en la segunda. En cada una, el tablero habla por nosotros. Así se construye el proyecto del barrio a cinco años, que los barrios vecinos cruzan para escribir el de la localidad a doce y que las localidades juntas llevan al del municipio a veinte. Primero ese proyecto; después, y salidos de quienes lo construyeron y rindieron cuentas, los candidatos.
FRASE DEL ARTEZANO: La confianza no se pide: se rinde. Dieciocho veces dando la cara con el tablero en la mano convencen más que cualquier promesa de última semana.
Donde ya está pasando
En Acacías, en Puerto Boyacá y en veredas de nuestro municipio he visto proyectos que dejaron de empezar por el candidato y empezaron por el acta. Cuando llegó la visita de los de siempre, no encontraron a quién convencer: encontraron una sala que decide, un tablero con fechas y unas cuentas que cualquiera puede pedir.
Más de mil semillas sembradas y más de trescientos tejedores activos después, la lección se sostiene: lo que tiene muchos dueños no se vende en una noche.
EL ARTEZANO PREGUNTA: Si la elección fuera mañana, ¿qué podría mostrar su proyecto además de ganas?
Lo que se teje
La campaña de 2027 ya empezó, aunque el calendario diga otra cosa. Volverán las vallas, las deudas y las visitas a medianoche. Lo que puede ser distinto es lo que encuentren sobre la mesa.
Paulo Freire escribió que nadie libera a nadie y que nadie se libera solo: nos liberamos en comunión. Un proyecto no se vuelve independiente consiguiendo un financiador más grande, sino tejiendo más manos.
En la ciudad que nos merecemos, la que en este trabajo llamamos «Esperanzía», nadie espera a un salvador: cada quien trae su hilo y lo teje al del vecino.
FRASE DEL ARTEZANO: Lo que se teje no se vende. Un proyecto con propósito, cuentas a la vista y muchas manos no tiene un precio que alguien pueda pagar en una noche.
No nos ganaron: nos encontraron sueltos.
¡Tejemos lo que soñamos. Vivimos lo que tejemos!
¿Estás listo para tejer, vivir y sentir el poder transformador en tu territorio?
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