PONCHO ZULETA Y EL ÚLTIMO ACORDE: CUANDO EL FOLCLOR SE MIRA AL ESPEJO

 

Por: Ives Danilo Díaz Mena

 

La música vallenata siempre ha tenido algo de profecía. Entre acordeones, cajas y guacharacas se esconden verdades que no necesitan permisos para doler. Y ahora, en esta entrevista donde Poncho Zuleta, con voz vencida por los años pero invicta en memoria, habla de su vida como quien repasa un álbum de fotos mojado por la lluvia, el folclor vuelve a recordarnos que también envejece.

 

Poncho no está simplemente contando anécdotas; está dictando testamento cultural.

 

La nostalgia como advertencia

 

Cuando él confiesa que, en la finca, escucha sus propias canciones y llora, no es un gesto melodramático. Es un acto de honestidad brutal. Porque el folclor el de antes no era una industria; era una forma de vivir, una manera de narrar el hambre, la parranda, la tristeza y la alegría sin pedir disculpas.

 

Ese folclor que Poncho describe está agarrado a la raíz, no a la tendencia. Y al llorar por él, llora por todos nosotros: por un país que ha dejado que su tradición se haga vieja sin preguntarle si le duele algo.

 

Los “pelaos de ahora” y la ruptura generacional

 

En la entrevista, el maestro lanza su puñalada suave: “los pelados de ahora están pegados a las máquinas”. Más que un regaño, es un lamento. No porque la modernidad sea enemiga, sino porque como advertía Ángel Rama toda cultura corre el riesgo de volverse espectáculo si olvida su origen.

 

Poncho no reniega de lo nuevo; reniega de lo vacío. Del sonido que brilla, pero no identifica. Del artista que vende pero no representa. De la música que suena bonito, pero no sabe a tierra.

 

Y ahí está el punto: el vallenato no nació para ser tendencia, nació para ser memoria.

 

Un presagio entre líneas

 

Quizás lo más duro de la entrevista es escuchar a Poncho hablar de su muerte sin miedo. “Ya casi me encuentro con Diomedes”, dice, como quien menciona la dirección de una casa conocida.

 

Aquí, más que un artista anticipando su final, aparece el hombre entendiendo que ya caminó todo el camino que podía caminar. Que la vida como el acordeón también se queda sin fuelle.

 

Su mención a la muerte no es morbosa: es filosófica. En clave de Ortega y Gasset, Poncho reconoce que “yo soy yo y mi circunstancia”, y su circunstancia hoy es el ocaso. Uno digno, honesto, sin maquillaje.

 

El retiro que es más metáfora que anuncio

 

Aunque niega oficialmente que se va, su tono lo contradice. Se siente la despedida agazapada en cada frase, como un adiós que todavía no se atreve a decirse completo. Es un retiro espiritual más que musical. Una pausa del guerrero.

 

Es como si dijera: “No me voy… pero ya me estoy quitando el sombrero.”

 

El folclor frente al abismo del tiempo

 

Lo que revela esta entrevista no es solo la fragilidad de un ícono, sino la fragilidad de un género. Si Poncho llora cuando se escucha, es porque percibe algo que tal vez nosotros preferimos ignorar: que el vallenato clásico se ha vuelto una especie en vía de extinción emocional.

 

Y si él se pregunta quién sostendrá esa herencia, es porque sabe que un pueblo sin memoria es un pueblo condenado a repetir canciones vacías.

 

La última enseñanza de Poncho

 

Entre lágrimas, risas apagadas y reflexiones tardías, Poncho Zuleta no está hablando solo de música: está hablando de Colombia. De una nación que cambia tan rápido que a veces olvida mirar hacia atrás.

 

Y lo que deja caer como quien suelta un último verso es un mensaje que no deberíamos pasar por alto:

 

El folclor no se hereda por fama, sino por sentimiento.

 

Si las nuevas generaciones no se comprometen con la raíz, el vallenato se convertirá en una caricatura de sí mismo. Y ese sería un daño histórico, casi irreparable.

 

En el fondo, la entrevista de Poncho es un espejo.

 

Uno donde se refleja él, pero también nosotros: los que crecimos escuchando esas canciones que hoy parecen cartas de despedida anticipadas.

 

El maestro aún no se va. Pero sus palabras, cargadas de presagio, nos recuerdan que cuando el silencio llegue, nos tocará a nosotros defender lo que queda de esta tradición que, como el mismo Magdalena, resiste incluso cuando duele.

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1 Comment

  • Lucía Bermúdez 11 Dic 2025

    Lloro con Poncho, ya quedan pocos de los grandes compositores y músicos vallenatos y no se ve quienes vienen a reemplazarlos,

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