En las últimas semanas se ha dado a conocer por parte del Departamento Administrativo de Sostenibilidad Ambiental (DADSA), el desarrollo de operativos a través de los cuales varias empresas empacadoras de agua fueron cerradas en Santa Marta por incumplir requisitos sanitarios. Y eso está bien. Desde hace mucho era necesario que el Estado actuara contra quienes comercializan agua sin garantías mínimas para el consumo humano. Sin embargo, el problema de fondo sigue intacto y es mucho más grave: ¿qué pasa con la calidad del agua que llega diariamente a las viviendas de miles de samarios? La realidad es que buena parte de la ciudadanía tampoco puede consumir con tranquilidad el agua que recibe por las tuberías. En muchos sectores, el líquido proviene de pozos cuestionados por sus condiciones de salubridad, mientras que la red de distribución, deteriorada y obsoleta, está lejos de garantizar verdadera potabilidad. En pocas palabras, ciudadano termina atrapado entre dos riesgos: el agua “oficial” que no genera confianza y el agua comercializada por privados que, en muchos casos, tampoco ofrece garantías.
El problema no es solamente el agua en el punto de captación en la planta de tratamiento. El gran interrogante está en lo que ocurre después: la conducción, el almacenamiento y la distribución.
DIAGNÓSTICO DE LA RED DE ACUEDUCTO

Fuente: Comunicación ESSMAR – N° GD-F22/2025
En la comunicación N° GD-F22, emitida en respuesta a un requerimiento de información, ESSMAR informó, con corte a agosto de 2025, que la red de distribución de la ciudad está integrada, entre otros materiales, por tubería de asbesto cemento con una longitud reportada de 3.932.88,49 metros lineales. En esta cifra existe hay una inconsistencia numérica evidente. Por el rango de valores reportados para otros materiales dentro del mismo documento, lo más aproximado sería asumir que la longitud real corresponde a 393.288,49 metros lineales, dato que únicamente puede ser confirmado oficialmente por la ESSMAR. En cualquiera de los casos, la sola existencia en la ciudad de redes construidas con este material resulta de suma gravedad.
Desde VoxPública consultamos al Ing. Roberto Montiel para conocer su apreciación técnica al respecto y esto nos dijo: “Esto es crítico porque el uso de este tipo de materiales está prohibido y estas tuberías debieron haber sido repuestas desde hace años. […]. Llama la atención que este es un agravante adicional que transporta trazas contaminantes adicionales al mar a través del emisario submarino, esto en la medida de que la ciudad no cuenta con ningún tipo de tratamiento y las aguas son dirigidas desde los puntos de origen urbanos directamente al punto final en la Bahía de Santa Marta.” es importante resaltar que en Colombia el asbesto fue prohibido mediante la Ley 1968 de 2019, promulgada el 11 de julio de 2019. Esta prohibición comenzó a regir el 1 de enero de 2021. Desde esa fecha quedó prohibido: explotar, producir, comercializar, importar, distribuir y exportar “cualquier variedad de asbesto y de los productos con él elaborados”.
Más adelante, en la comunicación N° GD-F22, la ESSMAR reconoce “En cuanto a las redes de acueducto, estas redes en su mayoría son antiguas por lo que, pueden presentarse fallas en los accesorios de interconexión, que inciden en la hermeticidad del sistema, y, por ende, en la generación de fugas tanto visibles como no visibles y posibles contaminaciones cruzadas.” Así, de poco sirve que existan indicadores de potabilidad en planta si el agua termina recorriendo tuberías deterioradas, redes obsoletas, sistemas con pérdidas y filtraciones. Ni qué decir de la calidad del agua que abastece la empresa a partir de pozos sobreexplotados ni de la que distribuye a través de carrotanques.
Resulta contradictorio que si se clausura un negocio porque el recipiente donde almacena o distribuye agua representa un riesgo sanitario, ¿por qué no se hace la misma evaluación rigurosa sobre una red pública de distribución que podría estar deteriorando la calidad del líquido antes de llegar al usuario final? ¿Es inaudito que después de tratarse el agua este esfuerzo se pierda porque el sistema encargado de transportarla termina contaminándola. Sería como esterilizar un alimento para luego servirlo en un recipiente sucio.
Lo que el ciudadano paga no es simplemente por recibir “agua”. Lo que se factura es, precisamente, el servicio de captación, tratamiento, potabilización, conducción y distribución segura hasta la vivienda. Esa es la esencia del servicio público de acueducto. Si el agua llega sin garantías reales de consumo humano, entonces la discusión ya no es solamente técnica: también es jurídica, sanitaria y ética.
Sería un error reducir esta crisis únicamente a la responsabilidad de algunas empresas empacadoras. La verdad es que estos negocios no habrían prosperado de no ser por el fracaso estructural de la prestación del servicio público de agua en la ciudad. Crecieron porque miles de familias dejaron de confiar en el agua suministrada por las empresas prestadoras de servicios público, antes Metroagua, Veolia, y ahora, ESSMAR y porque los distintos gobiernos de turno han sido incapaces de ofrecer soluciones reales, sostenibles y definitivas.
En Santa Marta, el agua potable dejó de ser un derecho garantizado y terminó convirtiéndose en un gasto adicional obligado para sobrevivir. La institucionalidad normalizó que las familias tengan, por un lado que, resignarse a pagar facturas de agua que no corresponden con la calidad del servicio recibido, y por otro, que comprar botellones, almacenar agua en albercas o depender de carrotanques para cubrir necesidades básicas. Lo más grave es que esa normalización ha permitido que la crisis se vuelva paisaje y que hasta ahora las autoridades reaccionen con operativos aislados, sin resolver el problema estructural.
La discusión de fondo no debería centrarse solamente en cerrar plantas ilegales o imponer sanciones. La verdadera pregunta es otra: ¿cuándo tendrá Santa Marta un sistema de acueducto capaz de garantizar agua potable, continua y segura para todos sus habitantes? Mientras eso no ocurra, habrá espacio para negocios oportunistas, seguirán creciendo los mercados paralelos del agua y seguirán siendo los ciudadanos quienes paguen, dos veces, las consecuencias de décadas de improvisación institucional.


5 Comments
Armando 20 May 2026
El agua en Santa Marta la convirtieron en un negocio político y económico, en nuestras viviendas llega el agua contaminada que genera problemas de salud por las bacterias que se reproducen. Muy difícil que logremos obtener calidad de vida porque el agua es igual s los políticos de nuestra región, no sirve y hace mucho daño.
Carolina 20 May 2026
Y sumado el porcentaje de cargo por subsidio que en mi caso es del 85% tanto para agua como alcantarllado. Dónde estará ese dinero si igualmente a los barrios que reciben ese subsidio no les llega el agua?
Jorge capella padilla 20 May 2026
El problema del agua en santa marta por este tiempo no se le nota solución
Anónimo 20 May 2026
Usualmente los negocios que montan detras de las cosas que funcionan mal, como es el caso del servicio de acueducto de Santa Marta, rara vez hacen que mejore el abastecimiento. Todo lo contrario, lo que ocurre es que hacen que funcione peor! Ese es el caso del agua de Santa Marta y todos los negocios privados paralelos: pozos, agua en bolsas, en botellas, en carrotanques, racionamientos y todos surtiendo un agua con dudasas calidades! Es posible que un ejercicio médico que cruce diagnósticos de virosis y casos clínicos con sitios de residencia, estado del acueducto, tipo de redes, turnos de suministro de agua, métodos de potabilización, estado de redes, etc, nos confronte con la realidad ignorada! Una crisis de salud que migra a emergencia sanitaria y de salubridad. Se han preguntado cuántos carrotanques hay en la ciudad dedicados a la venta de agua? Cuál es el estado de estos vehículos y el de sus cisternas? con qué rigor sanitario y autorización controlada operan? cada carrotanque cuántos viajes hace al día? qué capacidad tienen esos carrotanques? cuánta agua mueven al día? a cómo venden el metro cúbico? y un ejercicio similar con las empresas que venden agua en bolsas y botellas, cuántas son? (legales e ilegales)! cuál es la producción diaria de cada una? costos del producto? quiénes son sus propietarios y quiénes las operan? quiénes han otorgado sus permisos? y un etc. Si no hay agua en las redes para los usuarios, de dónde sacan agua diariamente para estas estrategias de negocios? Si llevan toda esta agua a las redes no sería un ejercicio más solidario con los usuarios que padecen la incompetencia de administradores, gerentes, líderes y gobernantes que en más de 251 años acumulados de esta problemática aún no dan con la solución? Claro, no se muestra el cansancio de pedalear la bicicleta hídrica estática cuando eres quien la mantiene para que nada avance! Se han preguntado quienes se favorecen con este modelo? Quiza la resistencia a una solución definitiva y de larga vida, sea el verdadero motivo que esconden los gobernantes y quienes les acompañan en proyectos erráticos que apuntan siempre a lo mismo: bombeos y rebombeos desde el río Magdalena, desde los ríos del norte y desde los ríos toribio y córdoba; o la planta mágica del curval, seguir perforando el acuífero contaminado y deteriorado y lo más novedoso, las plantas desalinizadoras! Todas alternativas con nefasta relación de costos-beneficios para la economía familiar, en donde todo va a tarifa y el sólo consumo eléctrico para operar cualquiera de estas variantes ronda el billón de pesos al año! La ciudad toda se merece una solución inteligente, adaptativa y basada en la Naturaleza! Una solución modular, prototipo de réplica, que organice el territorio en torno al agua, que cruce la oferta natural con la demanda, que fusione conocimientos y sabiduría de pueblos ancestrales, comunidades usuarias con la técnica, la ingeniería y la ciencia! La ciudad exige un proyecto que garantice agua potable 24/7, que reduzca los gastos domésticos de las familias samarias, que erradique los costos de albercas, motobombas, tanques elevados, un acueducto que le devuelva la dignidad al habitante de Santa Marta, un sistema que genere círculos virtuosos, un acueducto que le de identidad a la ciudad y que resalte las ventajas comparativas de su territorio y recupere su pertenencia y compromiso con la recuperación de sus cuencas, con la sostenibilidad y la sustentabilidad requerida para un cambio de paradigmas y la construcción de un mejor relacionamiento hombre-Naturaleza y entre las comunidades y la institucionalidad. Ese proyecto, esa solución (único con la mejor relación costo-beneficio) es la iniciativa denominada «AGUA ANCESTRAL PARA SANTA MARTA». Invitamos a la comunidad samaria TODA a acompañar esta iniciativa y vincularse desde cada vivienda a su gestión integral. Ya no hay holguras, el tiempo se agota y cada vez la situación de desabastecimiento compromete directamente la sostenibilidad y viabilidad de Santa Marta. Ciudadanos, es ahora! Usen todos los medios, programas radiales, redes, grupos de amigos, etc. para apoyar al proyecto «AGUA ANCESTRAL PARA SANTA MARTA» agua a menor precio tarifario, agua potable en sus casas y por gravedad, servicio seguro 24/7, reflejo de la dignidad y responsabilidad samarias y prototipo de la identidad del territorio con su elemeto vital y valuarte ambiental desde lo local con impacto global!
Luz Elvira Angarita 24 May 2026
Mientras el agua siga siendo parte de las campanas políticas para atraer votos y no sea una propuesta seria y consistente técnica, social, ambiental y financieramente no habrá solución. Este ha sido el telón de fondo para que los políticos hagan soñar a la comunidad Samaria dilapidando recursos económicos pero también el tiempo que inexorablemente pasa y el problema se va complejizando. Quizá haya que preguntarse que clase de ciudad queremos? Que tipo de desarrollo esperamos construir y que vamos a dejar a las generaciones que nos siguen? Para los niños de hoy como será crecer en una ciudad compleja, desordenada, sin rumbo claro. Pareciera un NO futuro.