2026: VOLVER A LA PALABRA, VOLVER AL FONDO

 

Por: IVES DANILO DIAZ MENA.

 

Arranca el 2026 y con él vuelve algo que nunca debió ponerse en pausa: la palabra con sentido. Estuvimos inactivos, sí. Pero no ausentes. Porque mientras algunos creen que callar es rendirse, otros entendemos que el silencio también es observación, estrategia y maduración política.

 

El Magdalena entra a un año decisivo. No solo por las elecciones legislativas que se avecinan, sino porque el departamento sigue atrapado entre los mismos apellidos, las mismas prácticas y las mismas promesas recicladas. Cambian los discursos, no los métodos. Cambian los colores, no las mañas. Y eso, dicho sin rodeos, ya cansa.

 

Como bien advierte Norberto Bobbio (1997), la democracia no se debilita solo cuando se rompe el orden constitucional, sino cuando la política se vacía de ética y se convierte en simple administración de intereses. Eso es lo que hoy muchos ciudadanos perciben: una política sin alma, sin proyecto colectivo y sin conexión real con la gente.

 

Este 2026 debería obligarnos a hacernos preguntas incómodas:

 

¿Para qué queremos representación?

 

¿A quiénes estamos llevando al Congreso?

 

¿Seguimos votando por cercanía, por favores o por convicción?

 

Porque el problema no es la falta de líderes; es la sobreexposición de los de siempre. Y mientras tanto, el territorio sigue esperando decisiones estructurales: empleo digno, educación con calidad, seguridad sin discursos inflados y desarrollo regional con identidad, no con PowerPoint.

 

Desde la doctrina social de la Iglesia, que tanto le incomoda a algunos cuando se habla de política, el principio del bien común no es un adorno moral, es una exigencia concreta (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 2004). Gobernar y legislar no es servirse del poder, es ponerse al servicio de la comunidad. Lo demás es retórica barata.

 

Volvemos a escribir en 2026 porque creemos que la opinión también es una forma de resistencia. Porque callar frente a la mediocridad política es ser cómplice. Y porque este departamento necesita más debates serios y menos aplausos automáticos.

 

No prometemos complacencia. Prometemos criterio.

 

No ofrecemos neutralidad falsa. Ofrecemos claridad.

 

No venimos a agradar a todos. Venimos a decir las cosas como son.

 

El 2026 no es un año más. Es una oportunidad. Y como toda oportunidad, o se asume con responsabilidad… o se pierde otra vez.

 

Aquí estamos de vuelta.

 

Con ideas, con territorio y con memoria.

 

Porque el Magdalena no necesita más ruido.

 

Necesita fondo.

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1 Comment

  • Elizabeth R. 14 Ene 2026

    Que viva la palabra! La palabra escrita, sincera, critica y audaz.
    Gracias por no callar !

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