Por: VERUZKA AARÓN TORREGROZA
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A partir de la anulación de la elección de Rafael Martínez como Gobernador del Magdalena, se ha desatado una ardiente batalla por ocupar dicho cargo. Si bien no es la primera vez que separan del cargo a un gobernador en el Departamento, es la primera en la cual se deben desarrollar elecciones atípicas. Esta elección “express” ha dejado a más de un “operador” político desubicado frente a sus opciones para tomar partido, pues las líneas que podían distinguir a un candidato de otro, esta vez, son más difusas. En años anteriores se trataba de satanizar al contendor como de “derecha” o de “izquierda”, hoy todos parecen ser perfectamente ambidiestros. Cuando creímos que la política había tocado los niveles más bajos de la degradación, estas elecciones han llegado para demostrarnos que, siempre se puede empeorar. Esta oportunidad que nos brinda la ley de enderezar el rumbo político-administrativo de nuestro departamento está en riesgo de desperdiciarse por cuenta de una mayoría de candidatos que, han intentado distraernos del debate de contenidos y propuestas de planes de gobierno para envolvernos en sus vendettas personales en donde todo se reduce a señalamientos de deslealtad frente a líderes, partidos y/o supuestas ideologías políticas. Mientras esta inútil discusión avanza, el Magdalena, el departamento con las cifras más altas de pobreza monetaria en el país (51.7% en 2024), espera por soluciones.
Una vez más, los vientos del realismo mágico parecen confundirse con los del viejo clientelismo. Los magdalenenses, al parecer, nos hemos quedado atrapados entre patrones y destinos de los cuales somos incapaces de escapar, tal como nuestro Nobel García Márquez nos retrataba en “Cien Años de Soledad”. Aquí estamos, ante unas nuevas elecciones que deberían ser “una segunda oportunidad sobre la tierra” para tomar decisiones electorales eficientes, pero que contrario a eso, como el último Aureliano, que engendra un hijo con cola de cerdo, con nuestra apatía por participar y/o exigir debates serios sobre propuestas de solución a nuestros problemas como territorio, sellamos la maldición de nuestro estructural subdesarrollo.
Los candidatos por su parte, expertos en teñirse y desteñirse de los colores de partidos y supuestas ideologías, nos llevan la delantera. Mediante un implícito acuerdo, han decidido abstraernos del debate central, para ponernos hablar sobre la lealtad, un concepto muy ajeno a sus prácticas pero del cual han hecho una bandera para enarbolar con el fin de manipular emociones y adormecer la razón. Qué si “mengano hace parte de la clase política de antes”, qué si zutano “traicionó” al líder para aspirar por su cuenta o qué si fulano se fue con el partido “opositor”. En esta ridícula discusión nos hemos dejado imbuir como sociedad, sin detenernos a pensar que, mientras ellos pactan entre sí y/o contra sí mismos, cualquiera que sea el acuerdo final, en este no hay interés por resolver los principales problemas que nos aquejan como territorio y ciudadanía.
Si no hay interés por generar debates serios por partes de los políticos de turno para no exponer sus intereses mezquinos y falta de rigor técnico, si los lideres sociales persisten en tomar sus decisiones en función de promesas burocráticas particulares, si los gremios que prefieren reunirse a puerta cerrada para pactar sus condiciones y beneficios sectoriales, entonces quienes quedamos del Magdalena, esos que al parecer ellos creen que sobramos pero que somos más, debemos exigir que se abra el debate.
Somos muchos los magdalenenses a quienes no podrán confundir más. Hay una gran parte de gente pensante que no está dispuesta a tragar entero, pero que debe movilizarse, que debe poner cara frente a este manoseo de los lideres políticos locales. Son esos miles de contratistas hartos de soportar el sometimiento político e intelectual por cuenta de la necesidad de un empleo para subsistir, obligados a volantear, a ceder parte de sus ingresos para el sostenimiento económico del “líder”. Son esas nuevas generaciones de profesionales y/o emprendedores entusiastas que por falta de oportunidades en su municipio y/o departamento consideran escapar hacia otras regiones o países en busca de un espacio para crecer y no condenarse a la esclavitud. Esos padres humildes que no están dispuestos a resignarse a que sus hijos tengan menos oportunidades que ellos.
Somos más. Somos más quienes exigimos propuestas de los candidatos sobre planes para mejorar la conectividad de las subregiones (plan de infraestructura vial secundaria y terciaria), sobre acciones para recuperar la seguridad en el territorio, sobre cómo van a reducir los bajos indicadores de calidad educativa y de la red hospitalaria, sobre cómo reducir las cifras de desempleo y de informalidad; fortalecer cadenas de valor (banano, cacao, palma, pesca artesanal), con programas de crédito rural, asistencia técnica y certificación ambiental. Asimismo, exponer sus puntos de vista y propuestas frente a la gestión de la crisis del servicio de energía eléctrica en la Región Caribe, frente a la necesidad de revisar contratos como el de la APP Sierra Mar (ampliación corredor Ye De Ciénaga-Palermo) y frente a la ejecución de una desmejorada solución para la Intersección de la Ye de Ciénaga.
Magdalenense tenga la seguridad que cuando un político acude al discurso que busca polarizar en lugar de proponer soluciones, ese es el candidato al que no se le debe dar oportunidad de llegar al poder. Si quieren que hablemos de lealtad que sea frente a nuestras convicciones como individuos, y como ciudadanía, frente a nuestro Departamento. Somos más los pensantes que los que están dispuestos a ser reducidos a súbditos de una clase política mezquina y mediocre, incapaz de proponer y gestionar para su región. Somos más quienes en lugar de caudillos y/o mesías esperamos un gobernante capaz de escuchar, de planificar con rigor y de gobernar con decencia. Un líder que entienda que el poder no es un privilegio, sino una responsabilidad frente a la gente que confía.
Somos más los que dejamos de ser simples seguidores pasivo-agresivos para hacer parte de una transformación social en la que nuestro gran aporte es pensar con criterio propio.
¿Será que es tiempo para que llegue un outsider al Magdalena?

