La crisis del agua en Santa Marta es el retrato del populismo en acción. Sin distinción entre derecha e izquierda los gobiernos nacional y local, han instrumentalizado esta necesidad para prometer en tiempos de campañas la solución que nunca llega. Cuando llegan al poder, el problema se convierte en una fuente de pago burocrático al servicio de sus intereses políticos, que rara vez coinciden con el interés de la población. Este ha sido el proceder de gobiernos tanto locales como nacionales, quienes, para el caso concreto de la ESSMAR E.S.P., han abusado de la figura de la intervención a la cual fue condenada esta empresa por los malos manejos que desde su creación ha arrastrado. La ESSMAR, ha sido durante más de cuatro años, manoseada sin pudor pero con graves y medibles consecuencias como lo registra el agudizamiento de su crisis financiera después de pasar por las manos de 10 interventores que desde el gobierno nacional han sido designados según el calculo político del momento. El colmo de esta situación ha sido que ante la carrera contra reloj por la entrada de Ley de Garantías, fueron nombrados en menos de 48 horas dos interventores. La carrera se explica si consideramos que en pleno debate electoral el abultado presupuesto de esta empresa. No hay que ser muy agudo intelectualmente para entender que la crisis es política. Lo técnico se habría resulto de no ser porque el elefante de la politiquería se atravesó.
De acuerdo con el informe de gestión del semestre del 2025 por parte de la Dirección de Entidades Intervenidas y en Liquidación el resultado para cada una de las causales de intervención de la ESSMAR desde noviembre de 2021 es el siguiente:
Calidad de agua: Superada. El resultado de control y vigilancia en promedio para los meses de 2024 arrojó IRCA 0, (SIN RIESGO), es decir agua apta para consumo humano.
Continuidad en promedio inferior a 18 h/día: No superada.
Alto Índice de Agua con Contabilizada – Pérdidas (IANC) 61,60%, cuando el nivel máximo es de 30%: No superada.
Micro medición. 60% en septiembre y octubre de 2021 (efectiva): No superada.
Suspensión del pago de las obligaciones mercantiles. Al cierre de 2021 presentaría un déficit acumulado de caja de COP 62.290 millones, el cual continuaría en COP 36.282 millones hasta 2029: No superada. Se estima que el déficit actual de esta empresa superaría para el 2026 los $200 mil millones.
Si el objetivo de la intervención del gobierno nacional era contribuir en la solución de la crisis del agua en Santa Marta a través del rescate y eficiente operación de la ESSMAR, el resultado después de 10 interventores durante cuatro años no puede denominarse más que como un fracaso. La pregunta que seguramente se hacen los samarios es ¿por qué esta empresa intervenida, ineficiente y financieramente inviable no se ha liquidado? La respuesta es simple: porque la ESSMAR, se convirtió en el botín político que el gobierno del presidente Petro ha entregado a sus aliados locales estratégicos.
Los samarios deben tener claro que quien maneje la ESSMAR políticamente tiene la discrecionalidad para disponer de un presupuesto que en el año 2025 ascendía a $248 mil millones. La lucha acérrima de grupos políticos por quedarse con esta empresa no es por llevar agua a los hogares samarios, es por administrar poder, contratos y lealtades políticas. Esa es la verdadera razón que ha conducido a grupos políticos locales a una disputa feroz por su control.
Lo más desesperanzador de esta situación es que mientras desde el gobierno nacional se hace todo para empujar a la ESSMAR como empresa prestadora hacia la inviabilidad, el gobierno local se empeña en dejar a Santa Marta sin bases sólidas para una planificación y gestión de las soluciones estructurales. El gobierno local además de no exigir un manejo responsable por parte del gobierno nacional para esta empresa, con sus acciones empeora la situación. Muestra de ello, la pobre calidad y experiencia técnica de las empresas a quienes han adjudicado los contratos de revisión del POT 500 años, el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado. Instrumentos que deberían orientar el desarrollo urbano y garantizar el derecho al agua fueron reducidos a simples vehículos para el cumplimiento formal de contratos, la repartición de recursos públicos y la satisfacción de compromisos políticos.
La crisis del agua es el resultado de decisiones políticas concretas, tomadas por actores identificables. Santa Marta, no puede seguir apegada al decoro y evitar exigir responsabilidad política por el mal manejo de los recursos de la ESSMAR y un alto inmediato a la utilización de esta empresa como caja política. El día que Santa Marta comience a denunciar con nombre propio y castigar política y socialmente a los responsables de sus crisis, ese día comenzará el verdadero cambio. Solo entonces la ciudad tendrá una segunda oportunidad para hacer las cosas bien: con planificación seria, instituciones fuertes y el agua tratada como derecho, no como botín político.
Pdta: Inaudito que después de estar al frente y haber hecho parte de la nefasta de la gestión de la ESSMAR, dos de sus exgerentes: Ingrid Aguirre, según Contraloría Distrital señalada por responsabilidad fiscal por un detrimento patrimonial de la ESSMAR por $28.854 millones (2020) Patricia Caicedo (2021) y la exinterventora Isis Navarro (2024), se presenten ante los samarios como aspirantes dignas para representar al Magdalena ante el Congreso de la República.


1 Comment
enelmargen 5 Feb 2026
¿»cuando llegan al poder» ó cuando «logran llegar» o que los coloquen (vía «elpueblo») como agentes e instrumentos (arribistas/arribismos) de la corrupción establecida/institucionalizada; la corrupción, en el todo y en todas partes está; en las tales condiciones dadas, por ejemplo, en el magdalena- de pastores y rebaños, qué es de esperarse?