LOS PASOS QUE NOS SALTAMOS

 

Hay líderes que llevan años denunciando lo mismo y ya no ven reaccionar a nadie. La explicación cómoda es que la gente no quiere. Esta columna propone otra: empezamos la recuperación por el paso que más dolía, nos saltamos los anteriores, y por eso el barrio nunca logró sostenerse en pie.

 

Lo conocen en todo el barrio. Maneja una buseta desde hace veinte años y, desde hace diez, denuncia el mismo caño destapado frente a la escuela. Ha escrito cartas, ha ido a la emisora, ha llevado fotos al concejo. La primera vez lo acompañaron cuarenta vecinos; la última fue solo.

 

Una tarde, sentado en la tienda, lo dice sin rabia, con cansancio: «aquí a nadie le duele nada». Tiene razón en lo que ve y se equivoca en lo que concluye. Al barrio sí le duele. Lo que pasa es que él empezó por el dolor, y el dolor no era el primer paso.

 

FRASE DEL ARTEZANO: El dolor de un barrio no se despierta denunciando más fuerte: se despierta cuando el barrio vuelve a sentir que lo dañado era suyo.

 

Nadie corre el día que se levanta

Piense en alguien que pasó meses en una cama de hospital. El día que le dan de alta nadie le pide que corra. Primero se sienta. Después se pone de pie, sostenido. Después da unos pasos. Cada paso se apoya en el anterior, y el que se salta uno termina otra vez en el piso.

 

Ahora haga el ejercicio con nuestro municipio. Le pedimos que corra —que se indigne, que se organice, que gane una elección— a un cuerpo que todavía no se ha sentado. Y cuando se cae, decimos que la gente no quiere.

 

Kurt Lewin lo explicó en tres tiempos: descongelar, mover y volver a congelar. Lo que se mueve sin haber sido descongelado se resiste; lo que se mueve y no se vuelve a fijar regresa. Un barrio que salta pasos hace las dos cosas a la vez.

 

EL ARTEZANO PREGUNTA: ¿Por cuál paso empezó usted la última vez que quiso transformar algo en su barrio, y cuáles se saltó para llegar ahí?

 

FRASE DEL ARTEZANO: A un barrio que todavía no se sienta no se le puede pedir que corra, ni siquiera el día de la elección.

 

El paso que más duele

Sakichi Toyoda pedía preguntar «por qué» cinco veces. Pregúntelo con el conductor de la buseta y la quinta respuesta incomoda: creemos que primero hay que ganar y que después se verá cómo se transforma. Por eso todo el esfuerzo se va al paso más visible —la denuncia, la campaña— y nadie vuelve a los primeros.

 

Edgar Schein mostró que las organizaciones repiten lo que dan por sentado, aunque declaren lo contrario. Decimos que queremos un municipio distinto y damos por sentado que lo traerá un nombre. Mientras la victoria sea el primer paso, todo lo demás será campaña, y una campaña termina en noviembre.

 

Por eso el conductor de la buseta se quedó solo. Despertó el dolor en un barrio que todavía no se sentía dueño de su escuela ni sabía hacia dónde quería ir. El dolor sin identidad ni propósito se vuelve rabia sin destino, y la rabia sin destino se cansa rápido. Los cuarenta vecinos de la primera vez no lo abandonaron por indiferencia: se fueron porque nadie les había dado un lugar dentro de la pelea.

 

EL ARTEZANO PREGUNTA: ¿Cuántas veces ha visto a su municipio intentar correr antes de ponerse de pie, y quién terminó en el piso?

 

Lo que ya vimos caminar

Llevo veintinueve años caminando 387 territorios, y he visto barrios hacer el recorrido completo. En Santa Marta y en Chiquinquirá hay juntas que no empezaron por el caño ni por el candidato: empezaron por preguntarse quiénes eran y qué les importaba. Meses después, cuando denunciaron, ya no denunciaba uno: denunciaba el barrio.

 

Más de mil semillas sembradas y más de trescientos tejedores activos después, la lección no varía. La recuperación la conducen los «Asterias» del propio territorio, personas como el conductor de la buseta, que no necesitan que nadie las invente: necesitan un orden que las sostenga.

 

EL ARTEZANO PREGUNTA: ¿Qué podría hacer su barrio si esta vez nadie se saltara un paso, ni siquiera por afán?

 

FRASE DEL ARTEZANO: No se trata de encontrar a alguien más valiente. Se trata de que el valiente no vuelva a caminar solo.

 

Sentarse, pararse, caminar

El primer paso es el corazón: el barrio deja de sentir que lo público pertenece a un poder ajeno y se reconoce dueño de su escuela, de su caño, de su parque. El segundo es la cabeza: deja de pensar que la política solo administra riesgos y escribe a dónde quiere llegar.

 

El tercero es el sistema nervioso: ya con identidad y propósito, el daño vuelve a doler, y esta vez tiene a dónde dirigirse. El cuarto es la sangre: los vecinos se conocen, confían con reglas y se pueden contar por nombres. El quinto es el esqueleto: lo construido deja de depender de una sola persona.

 

Ningún paso se salta, aunque el afán apriete. Y ninguno se abandona cuando llega el siguiente: el barrio que ya se reconoce tiene que seguir reconociéndose mientras aprende a soñar, a sentir y a tejer.

 

FRASE DEL ARTEZANO: Un barrio despierta cuando se reconoce, encuentra su propósito, vuelve a sentir, se teje y construye lo que perdura.

 

El marcador de la recuperación

Toda rehabilitación tiene controles: una meta, ejercicios, una medida y una cita. Chris McChesney, Sean Covey y Jim Huling lo mostraron para las organizaciones, y nosotros lo llevamos al territorio con cuatro principios. Una meta crucial del barrio a cinco años. Unas pocas palancas semanales con dueño. Un tablero visible con la línea base del primer día. Y una rendición de cuentas con día y hora fijos.

 

Con esos cuatro, el conductor de la buseta ya no carga solo la denuncia del caño: la carga el tablero de todo el barrio, revisado cada semana y con relevo nombrado.

 

FRASE DEL ARTEZANO: Lo que se mide cada semana, delante de todos, deja de depender del ánimo de uno solo.

 

Primero de pie

Paulo Freire escribió que nadie libera a nadie y que nadie se libera solo. La cuadra escribe su sueño a un año, El barrio a cinco años; las juntas vecinas lo cruzan para el de la localidad a doce; las localidades juntas escriben el del municipio a veinte. Primero ese proyecto; después los candidatos, salidos de quienes lo sostuvieron.

 

El día de votar, la pregunta deja de ser cuál de los candidatos nos convence menos, y pasa a ser quién de los que caminaron con nosotros merece llevar lo que construimos.

 

Esa es la misión que nos trajo aquí: primero fortalecemos, después despertamos y, como consecuencia, ganamos. En «Esperanzía» la elección no es la primera carrera: es el paso que llega cuando el cuerpo ya camina solo.

 

Faltan menos de cuatrocientos días para la próxima elección, y el calendario volverá a pedir que corramos. ¿Vamos a obedecerle otra vez, o vamos a empezar por sentarnos juntos?

 

Primero sanamos. Después, ganamos.

 

¡Tejemos lo que soñamos. Vivimos lo que tejemos!

 

¿Estás listo para tejer, vivir y sentir el poder transformador en tu territorio?

 

© 2026 Esteban Zambrano · «El ArtEZano De La Política» · WhatsApp 319 386 4348 · lajugadamaestraalpha@gmail.com · X / Twitter: @elartEZanopolis

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