LA CARTA QUE LE DEBO A MI NIETO

 

No quiero dejarle a mi nieto una ciudad administrada cuatro años a la vez: quiero dejarle una ciudad que treinta años de ciudadanos decidieron construir juntos, sin esperar a que llegara el alcalde perfecto.

 

Una carta que aún no me atrevo a enviar

Hay una carta que llevo escribiendo, sin terminar, desde hace años, dirigida a mi nieto Gabriel Esteban Alán, cuando cumpla la edad que tiene hoy mi hija Angie. En ella intento explicarle por qué Chiquinquirá, el pueblo de mis raíces, y Santa Marta, la ciudad donde hoy construyo, se veían, en 2026, exactamente igual a como se veían cuando yo era niño: la misma promesa de progreso, los mismos recursos amenazados, el mismo optimismo de campaña seguido del mismo silencio de gobierno. No sé cómo explicarle a mi nieto de año y medio que en 29 años recorriendo 385 territorios de este país he visto el mismo libreto repetirse una y otra vez, como si Colombia entera padeciera amnesia cada cuatro años.

 

Lo que sí puedo decirle, porque lo he comprobado con mis propias manos en más de 300 territorios donde hemos sembrado más de 1.000 semillas de organización ciudadana, es que el sueño de una ciudad digna nunca desapareció. Lo que se rompió fue nuestra fe en que la política —tal como la practicamos hoy— supiera sostener ese sueño más allá de una foto de posesión. Esa es la herida que quiero nombrarle a mi nieto, y de paso, nombrarle a usted, que probablemente guarda una carta parecida sin escribir.

 

Esta columna es, en el fondo, esa carta hecha pública: un intento de tejer, entre todos, la «Esperanzía» que ninguna alcaldía por sí sola podrá jamás construir.

 

Frase Del ArtEZano: «Llevo años escribiéndole una carta a mi nieto sobre Chiquinquirá y Santa Marta. Todavía no sé cómo explicarle que seguimos esperando al alcalde perfecto en lugar de construir el proyecto correcto.»

 

El árbol que no veremos crecer

Existe un proverbio que he escuchado en distintos territorios con distintas palabras, pero con el mismo fondo: una sociedad se vuelve grande el día que alguien siembra un árbol bajo cuya sombra sabe que nunca se sentará. Ese es exactamente el ejercicio mental que la política colombiana se niega a hacer. Cada cuatro años sembramos flores de campaña que florecen a tiempo para la próxima elección, en lugar de árboles que tardarán veinte años en dar sombra a nuestros nietos.

 

La evidencia internacional confirma que las ciudades admirables entendieron esta distinción hace tiempo. Singapur aprendió a planear a cincuenta años mientras gobernaba cada cuatro: cada gobierno escribe un capítulo, ninguno pretende cerrar el libro. Curitiba convirtió su planificación urbana en política de Estado, de modo que la ciudad —no el alcalde de turno— terminó siendo el verdadero protagonista de la historia. En nuestro trabajo aplicando el «Sistema Operativo Vivo ALPHA» en 385 territorios hemos verificado la misma lección a escala local: los proyectos que sobreviven son los que se siembran pensando en quienes aún no han nacido, no en quienes van a votar el próximo octubre.

 

Santa Marta tiene todo lo necesario para sembrar ese árbol: mar, sierra, historia, turismo, diversidad cultural. Chiquinquirá tiene lo suyo: su fe, su memoria y su gente que no se rinde. Lo único que le ha faltado a las dos —y a cualquier territorio de Colombia— es la decisión colectiva de plantar pensando en la sombra que otros disfrutarán, no en la flor que nosotros mismos alcanzaremos a ver.

 

El ArtEZano Pregunta: ¿Qué árbol está usted dispuesto a sembrar hoy, sabiendo que jamás se sentará bajo su sombra, pero que su hija sí lo hará?

Frase Del ArtEZano: «Sembramos flores de campaña que florecen a tiempo para la próxima elección, en lugar de árboles que darán sombra a nuestros nietos.»

 

La pregunta que le cambia la vida a un padre y a un abuelo

Cuando uno tiene hijos y nietos —en nuestro caso, una hija y un nieto— deja de preguntarse qué va a pasar en cuatro años y empieza, sin darse cuenta, a preguntarse qué va a pasar en veinte. Esa es exactamente la pregunta que la política evita hacerse a sí misma: no «¿qué voy a hacer en mi período?», sino «¿qué debo dejar construido para que dentro de veinte años mis hijos y nietos vivan mejor que yo?». El 87 % de nosotros dice no creer en la política. Pero ningún padre ha dejado de hacerse, en privado, la pregunta de veinte años. La desconexión entre esas dos preguntas es, quizás, el dato más incómodo de todos: seguimos exigiéndole a un gobierno de cuatro años que responda una pregunta que solo una generación entera puede contestar.

 

El ArtEZano Pregunta: ¿Alguna vez se ha preguntado si su cinismo frente a la política es, en realidad, la manera más cómoda de no comprometerse con nada que dure más que una alcaldía?

Frase Del ArtEZano: «Un padre nunca piensa en cuatro años. Piensa en veinte. La política colombiana todavía no ha aprendido a hacer esa misma pregunta.»

 

Ningún padre siembra ese árbol solo

Copenhague dejó de preguntarse cuántas ciclorrutas construir y empezó a preguntarse cómo quería que se sintiera vivir allí. Esa pregunta —la que de verdad importa— jamás la responde un alcalde solo en su despacho: la responde una ciudad entera, conversando durante años sobre lo que quiere sentir al caminar sus propias calles. Bilbao demostró lo mismo cuando su industria colapsó: no cambió solamente el paisaje, cambió la conversación colectiva sobre quién quería ser esa ciudad de ahí en adelante.

 

Cuando pienso en la carta a mi nieto, entiendo que ningún padre puede sembrar ese árbol en solitario. El pescador de Taganga, la maestra de Bastidas, el comerciante del centro y el joven que decide no irse de Santa Marta están tejidos por el mismo hilo invisible: todos están criando, de alguna manera, a la misma generación que heredará lo que hoy decidamos o dejemos de decidir juntos.

 

Pregunta que Ilumina: ¿Qué pasaría si entendiéramos que criar bien a nuestros hijos y construir bien nuestra ciudad son, en el fondo, exactamente la misma tarea?

Frase Del ArtEZano: «Ningún padre siembra solo el árbol que dará sombra a sus nietos. Esa siembra siempre se hace en comunidad, o simplemente no se hace.»

 

Cómo se siembra un árbol que dure treinta años

Sembrar un árbol que sobreviva a varios gobiernos exige método, no solamente buena intención. El «Sistema Operativo Vivo ALPHA», validado en 29 años de trabajo territorial, propone tres herramientas concretas y replicables para cualquier territorio de Colombia. La primera es Un Pacto Ciudadano De Continuidad, redactado con gremios, universidades y líderes comunitarios, que defina la visión de ciudad a veinte años y que cada aspirante deba firmar públicamente antes de buscar el voto. Aplaudo la iniciativa de la Cámara de Comercio de Santa Marta por tomar la delantera en construir este propósito compartido a través de su Agenda de Competitividad y Desarrollo del Magdalena. La segunda son Veedurías Territoriales Permanentes, que no dependan del calendario electoral y rindan cuentas trimestrales directamente a la ciudadanía. La tercera son las «Tácticas Vivas ALPHA»: mesas de trabajo barriales que convierten la visión de veinte años en tareas verificables de esta misma quincena, para que cada colombiano sepa qué raíz regar hoy sin perder de vista el árbol completo.

 

Esto no es un ejercicio de imaginación: es la misma arquitectura aplicada ya en decenas de territorios colombianos, comenzando siempre por lo pequeño, lo verificable y lo sostenible en el tiempo.

 

Frase Del ArtEZano: «Un pacto de continuidad no es papel de campaña: es la raíz que permite que el árbol de la ciudad sobreviva al invierno de cada elección.»

 

SEGUIMIENTO COLECTIVO — Lo que le contaré a mi nieto que hicimos

Cuando por fin termine esa carta, quiero poder contarle a mi nieto que sentimos, en el corazón, que el sueño de una Chiquinquirá y una Santa Marta dignas nunca se apagó. Que entendimos, con la cabeza, que las ciudades admirables se construyen sembrando árboles cuya sombra no alcanzaremos a disfrutar. Que reconocimos, en la piel, que un padre siempre piensa en veinte años, y decidimos exigirle lo mismo a nuestra política. Que comprendimos, en la sangre, que ese árbol solo se siembra en comunidad. Y que recibimos un método concreto —pacto de continuidad, veedurías permanentes, «Tácticas Vivas ALPHA»— para empezar a sembrarlo esta misma semana.

 

Sostener esa siembra durante veinte años exige aplicar los «4 Principios Estratégicos Para Resultados Extraordinarios»: cuidar lo esencial, medir con honestidad, sostener la disciplina cuando ya no haya cámaras ni aplausos, y multiplicar tejedores hasta que cada samario y cada boyacense se sienta responsable del mismo árbol.

 

Frase Del ArtEZano: «El día que dejemos de exigirle a un alcalde lo que solo una generación puede construir, empezaremos por fin a sembrar el árbol correcto.»

 

TRASCENDENCIA — La sombra que otros disfrutarán

Quizás nunca sepa, con certeza, si alcanzaré a ver el árbol que hoy propongo sembrar. Pero sé que mi nieto sí se sentará algún día bajo su sombra, y que él les contará esa historia a sus propios hijos como el día en que Chiquinquirá y Santa Marta dejaron de esperar salvadores y empezaron, por fin, a construir un propósito compartido.

 

Terminaré esa carta el día que Chiquinquirá y Santa Marta decidan sembrar, sin esperar aplausos, el árbol que solo nuestros nietos verán florecer. Esa será, al fin, la «Esperanzía» que de verdad merecemos heredar.

Frase Del ArtEZano: «No voy a ver el árbol completo. Pero mi nieto sí se sentará bajo su sombra, si hoy decidimos, entre todos, sembrarlo.»

 

CIERRE — SISTEMA DE CIERRE ALPHA

Chiquinquirá y Santa Marta dejaron de ser una promesa de campaña para convertirse en la carta que aún no nos atrevemos a terminar.

La pregunta es si sabemos sostener, durante veinte años, el árbol que hoy decidimos sembrar.

La raíz se teje.

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