CULTURA POSTALFABETIZADA: ¿EL RIESGO SERÁ PENSAR?

Créditos foto: Google Image.

 

Hace unas semanas The New York Times, publicó un artículo de la periodista Mary Harrington titulado “Pensar se está convirtiendo en un lujo”. En este artículo la autora aborda los retos que emergen en los procesos de enseñanza-aprendizaje a partir del auge de una cultura postalfabetizada en la era digital. La postalfabetización es definida por la UNESCO (1985) como “el conjunto de actividades educativas destinadas a consolidar y ampliar los conocimientos adquiridos en los programas de alfabetización inicial, con el fin de permitir a los recién alfabetizados seguir utilizando la lectura y la escritura en su vida cotidiana”. En la era digital la postalfabetización se caracteriza por el protagonismo de las plataformas digitales como medios de consumo de contenidos. Harrington plantea “La idea de que la tecnología está alterando nuestra capacidad no solo de concentración, sino también de lectura y razonamiento, está calando. Sin embargo, la conversación para la que nadie está preparado es cómo esto puede estar creando otra forma de desigualdad.” Si el impacto de la tecnología en las capacidades de pensamiento, y las repercusiones de esto, en el desarrollo social y económico de las sociedades comienza a ser motivo de preocupación para países desarrollados, los en vía de desarrollo, que todavía no resolvemos los retos de la alfabetización, estamos en mora de centrar nuestra atención en esta dirección.

 

Según Harrington “[…] Las investigaciones indican que los niños que están expuestos a más de dos horas al día de tiempo de pantalla recreativo tienen peor memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, niveles de atención, habilidades lingüísticas y función ejecutiva que los niños que no lo están.”  La tendencia de estos nuevos hábitos y sus efectos no serían ajenos para Colombia si se tiene en cuenta que con mayor frecuencia, y en edades cada vez más tempranas, observamos en nuestros entornos sociales que los niños tienen acceso a dispositivos tecnológicos más como un medio de “entretenimiento” que educativo. Este patrón lo confirma el informe Kids Online Colombia (2021, MinTIC y Unicef), el cual, reportó que 7 de cada 10 niños y adolescentes entre 9 y 17 años ya tenía su propio celular con conexión a internet.

 

En Colombia la tasa de alfabetización se sitúa alrededor del 95,6% para la población adulta (mayor de 15 años) y alrededor del 97% para los jóvenes (Dane, 2020). No obstante que, leer y escribir son habilidades extendidas en el país, el reto ha sido avanzar frente a la competencia funcional (capacidad de comprender textos complejos, inferencias, análisis crítico). Este desempeño es evaluado a través del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA), una evaluación educativa internacional coordinada por la Organisation for Economic Co-operation and Development  (OCDE) que busca medir qué tan preparados están los jóvenes de 15 años para afrontar los retos de la vida adulta en la sociedad del conocimiento.

 

En la última edición (PISA 2022), “El país obtuvo una puntuación media de 26 puntos, siendo el resultado 7 veces por debajo del promedio de la OCDE. […] el país con mejores desempeños fue Singapur que obtuvo 41 puntos, seguido de Corea del Sur y Canadá, con 38 puntos, cada uno. Entre los latinoamericanos el país con mejor desempeño en pensamiento creativo fue Chile que alcanzó 31 puntos.”  (https://www.portafolio.co/economia/regiones/colombia-con-los-peores-resultados-de-las-pruebas-pisa-de-la-ocde-606991). El 71% de los estudiantes colombianos no alcanzaron en matemáticas el nivel 2, considerado el umbral mínimo para poder comprender y usar información de textos relativamente simples. En Lectura, alrededor del 49 % de los estudiantes alcanzaron el nivel 2 o superior, lo que significa que más de la mitad no están en ese umbral mínimo de competencia lectora. En Ciencias, también aproximadamente el 49 % de los estudiantes logró nivel 2 o superior; de nuevo, más de la mitad está por debajo. ¿Pueden tomarse estos resultados como impactos de los nuevos hábitos de consumo de contenidos digital en el sistema educativo colombiano? No hay un estudio que lo determine aún, pero son señales que no deberían ignorarse.

 

Otro de los aspectos que destaca Harrington es que “Los patrones de consumo de contenidos [digitales] resultantes nos forman neurológicamente para hojear, reconocer patrones y saltar distraídamente de un texto a otro, si es que acaso utilizamos nuestros teléfonos para leer.” Estos patrones dificultan el hábito de lectura de libros de contenido extenso, continuo y profundo (impreso, digital, audiolibro). El hábito de la lectura de libros en la población colombiana es de apenas 3,75 libros al año (Cámara Colombiana del Libro con corte a 2023). En el segmento de la población mayor de 18 años, el promedio anual es de 6,91 libros, cifra menor, cuando se compara con países que leen hasta 17 libros al año. Mientras tanto, la lectura superficial y fragmentada que ofrecen las redes sociales va en ascenso. We Are Social 2024, reporta que en Colombia más del 80% de los usuarios de internet usan redes sociales activamente, dedicando en promedio 3 horas diarias.

 

El acceso fácil acceso a plataformas digitales tiene muchos aspectos positivos para el desarrollo social y económico. Su creciente influencia en la vida diaria ha permitido democratizar la información, la cultura y la participación, entre otras oportunidades. Sin embargo, su uso dee forma irresponsable implica también riesgos. La mayoría de los usuarios de redes sociales han convertido estas plataformas en la principal fuente de información. Gran parte de estos contenidos se consumen sin verificar su autenticidad. Es así como estas se convierten en un gran caldo de cultivo para la desinformación a través de la cual se favorecen la polarización, erosión del diálogo, fragmentación del tejido social y el fomento de conductas extremas. En grandes proporciones estos patrones de consumo de contenidos representan un riesgo para las sociedades. El debilitamiento del pensamiento crítico en la ciudadanía es uno de estos.  Mientras la mayoría de una ciudadanía se encuentre en esta condición, más vulnerable es su sistema democrático, más deficientes sus decisiones electorales, más manipulable y polarizada.

 

¿Qué hacer ante estos nuevos retos? Lo principal, no rendirse. Sin duda debemos realizar esfuerzos conjuntos entre Estado, instituciones educativas, medios de comunicación, gremios y ciudadanía para fomentar la conciencia social a partir del fomento de la cultura y el fortalecimiento de la identidad colectiva.  Estas acciones deben ir encaminadas a estimular una participación ciudadana que se traduzca no solo en la defensa de derechos sino en el cumplimiento de deberes.  En ese sentido,  será fundamental que el Estado diseñe estrategias y planes a través de los cuales educar sobre hábitos saludables, códigos de conducta y campañas de sensibilización frente al uso de las redes sociales, para que estas sean una herramienta de participación, aprendizaje y conexión, y no un riesgo para la convivencia ni la democracia.

 

Por lo pronto es nuestra decisión si nos informamos con datos o comemos cuento de los relatos.

 

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1 Comment

  • Liliana Mercadal 25 Sep 2025

    El artículo es excelente. Plantea además un problema que aqueja al mundo en general, a saber, cómo el uso de plataformas digitales ha influido negativamente en los niños y jóvenes, reduciendo la capacidad de comprensión lectora, sin contar con temas como la gramática y la ortografía.

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