El alcalde Carlos Pinedo realizó recientemente cambios en su gabinete. En buena hora, aunque se quedó corto en virtud de los precarios resultados de su administración. Entre estos cambios, se oficializó el nombramiento de Lina María Sánchez Maduro como secretaria encargada de Cultura (3/agosto/2025) en reemplazo de Marcela Sierra quien también estaba como secretaria encargada de dicha cartera desde el pasado 25 de febrero. Así las cosas, al parecer, la cartera de Cultura no tendrá un responsable en propiedad durante el 2025. La naturaleza de transitoriedad del “encargo” en la gestión pública, genera entre otros riesgos la inestabilidad administrativa y la debilidad en la planeación. Pero esto no es problema para un gobierno, que como sus predecesores, ha percibido la cultura de forma reducida al asumir que su función se limita a promover actividades folclóricas y/o eventos artísticos, dejando de lado dimensiones esenciales como la cultura ciudadana, la formación de valores colectivos y la construcción de tejido social, que son fundamentales para el desarrollo integral del territorio. La cultura ha sido por años menospreciada en una ciudad que clama por superar la polarización, la crisis de identidad, la desconfianza en sus instituciones y la inversión de su sistema de valores.
En su Plan de Desarrollo “Santa Marta 500+”, el actual gobierno distrital desde su visión de la cultura planteó el objetivo de “[…] promover el desarrollo cultural como herramienta clave en la lucha contra la pobreza y la promoción de la equidad en Santa Marta, fortaleciendo la identidad local, fomentando la participación ciudadana y contribuyendo al bienestar social y económico de todos los samarios.” Para el desarrollo de este objetivo se definieron los siguientes componentes: 1) Fomento a las artes, la cultura y la creatividad 2) Oferta y formación artística y cultural y 3) Fortalecimiento y participación de las organizaciones y agentes culturales.
Consecuente con el reducido enfoque propuesto en el Plan de Desarrollo del gobierno Pinedo, el Informe de Gestión de la Rendición de Cuentas (2024) la cartera de Cultura presenta como resultados la entrega de incentivos a proyectos artísticos y culturales, eventos Fiestas del Mar, conversatorios, exposiciones y talleres. Estos resultados confirman que la gestión cultural del Distrito tiene un enfoque sectorial, y que por tanto, no corresponde a un proyecto cultural incluyente y masivo, que atraviese las diferentes esferas de la vida social: familia, escuela, comunidad, instituciones públicas, sector privado, medios de comunicación, organizaciones sociales.
Es una apuesta segura de los gobiernos distraer a la ciudadanía con eventos y fiestas, antes que realizar esfuerzos por resolver los problemas de fondo. Mientras esto sucede, en la cotidianidad local se normalizan conductas que violan las normas y minan la autoridad de las instituciones. Estas conductas van desde el irrespeto de reglas básicas como las de tránsito, manejo responsable de basuras, respeto del espacio público hasta escalar en la comisión de actos delictivos como la evasión de impuestos, proponer-aceptar sobornos, pedir-ofrecer beneficios del gobierno que no corresponden, entre otros. Lo preocupante no es solo de la ausencia de control y sanciones por parte de las autoridades sino de parte de la misma ciudadanía, quien parece haber establecido un “código” social que le indica que estos patrones de conducta deben ser tolerados por ser parte de una “identidad” común. ¿Cómo espera el Distrito con el enfoque de gestión cultural actual promover en la ciudadanía la autorregulación, la legalidad y la moralidad?
El fortalecimiento del sector cultural es necesario. También lo es gestionar procesos de cambio comportamental, transformaciones culturales y pedagogías ciudadanas como lo determina la Ley 2262/2022: “Las políticas y líneas de acción de cultura ciudadana crearán condiciones institucionales, estratégicas, financieras, sociales y de democracia participativa, para el fomento de cambios voluntarios de conocimientos, actitudes, emociones, percepciones, hábitos y prácticas para alcanzar la convivencia democrática, la valoración y promoción de las diferencias, la construcción y apropiación social multiétnica y pluricultural del territorio, elevando el sentido de identidad y pertenencia ciudadana, la sostenibilidad de las formas de vida y el cuidado y respeto de lo público como un bien común.
Aunque la mayoría de los políticos durante las campañas electorales se autoproclamen precursores del “cambio”, en realidad son los más temerosos de este. La mayoría de los políticos prefieren una ciudadanía dividida y desinformada para que esta sea incapaz de unirse y movilizarse en función de la defensa de sus intereses colectivos. Les asusta la idea de dar cuenta de sus actos y gestiones a una ciudadanía organizada que hace uso de sus facultades legales para exigir el cumplimiento de los compromisos plasmados en planes de gobierno, planes de desarrollo y políticas públicas sectoriales. En el libro “Cultura ciudadana en Bogotá: nuevas perspectivas”, Mockus anota que “la mutua regulación entre ciudadanos y entre ciudadanos y servidores públicos pre-existe a la propuesta de cultura ciudadana. Visibilizar, fortalecer y reorientar esa mutua regulación para lograr un mayor cumplimiento de la Constitución y de las leyes es la preocupación central de cultura ciudadana” (Mockus, 2009, p. 12 ).
Contrario a honrar sus compromisos con la ciudadanía, los gobiernos se han dedicado a construir narrativas paralelas pero contradictorias con la realidad. Este es el caso del actual gobierno distrital, quien recurre a la propaganda publicada a través de medios y redes sociales para promover su “compromiso” con la participación ciudadana. Mientras cientos de millones se invierten en esta publicidad política pagada, sus funcionarios se niegan a contestar derechos de peticiones de la ciudadanía y deciden desconocer a veedurías ciudadanas legalmente constituidas en los espacios de participación de procesos fundamentales de planificación como la Revisión Excepcional del POT 500 Años y la solución de la crisis del agua.
Una ciudadanía madura políticamente y reflexiva socialmente es un riesgo para el status quo del establecimiento local porque esta será capaz de tomar decisiones electorales eficientes, de exigir resultados y castigar la incapacidad de sus gobernantes. De este modo la cultura ciudadana actúa no solo para mejorar la convivencia, sino para promover cambios democráticos de mayor alcance como el cambio de paradigma de una ciudad que cree necesitar mesías que la “salven” a una ciudadanía consciente, empoderada y conocedora de las herramientas constitucionales que tiene para liderar el rumbo de sus instituciones y causas comunes.
No podría terminar esta reflexión sin citar una de las frases más claras que Mockus nos ha regalado sobre la importancia de la cultura ciudadana: «La ley sin cultura ciudadana es ciega, y la cultura ciudadana sin la ley es vacía»
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2 Comments
Jorge capella padilla 1 Oct 2025
Excelente la forma como es criticada la menospreciado cultura ciudadana en la ciudad de santa marta. Dios quiera que
con estos comentarios mejore los modelos actuales de cultura para nuestra ciudad que lo necesita a grito.
Elizabeth R. 1 Oct 2025
Ya se ha dicho.
El retrato es claro y contundente.
Como ciudadanos que vamos a hacer con esta información?