Por: Veruzka Aarón Torregroza
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Uno de los programas insignia de los gobiernos distritales autodenominados del “cambio” fue “Mi Calle”, una iniciativa enfocada en la pavimentación de tramos viales en barrios que en su mayoría surgieron a partir de procesos de autoconstrucción. El programa fue presentado como una estrategia para mejorar la movilidad y las condiciones de vida en sectores populares donde, durante años, las calles permanecieron en tierra y con dificultades de acceso. De acuerdo con el informe de rendición de cuentas de la exalcaldesa Virna Johnson, durante su administración se pavimentaron 75 calles. Sumadas a 171 vías que ya estaban registradas como línea base del programa, el balance total de “Mi Calle” alcanzaría 246 tramos viales intervenidos. Dado que estas obras son una de las más sentidas demandas de la población, tienen la capacidad de generar rápido rédito político que para las últimas administraciones ha resultado atractivo. Sin embargo, con el paso del tiempo, algunas comunidades han señalado inconsistencias en los procesos constructivos y cuestionamientos sobre si en ciertos casos se realizaron previamente las adecuaciones necesarias en redes de acueducto y alcantarillado antes de ejecutar la pavimentación.
Según testimonios de habitantes, en algunos sectores se habrían instalado nuevas tuberías en algunos barrios, pero con un diámetro considerado insuficiente por la comunidad. Los residentes afirman que habían solicitado la instalación de tuberías de mayor capacidad, de al menos 12 pulgadas, pero se colocaron redes con capacidad inferior, y por tanto, hoy el sistema sufre rebosamientos. Como consecuencia, en varios puntos se reporta que las aguas residuales terminan saliendo a la superficie y corriendo por las calles.
Desarrollar obras de pavimentación sin renovar o ampliar previamente las redes de acueducto y alcantarillado, y, peor aún, sin que estén articuladas con estudios de drenaje pluvial, termina agravando los problemas recurrentes de inundaciones y rebosamientos del sistema sanitario. Esto no significa que las vías no deban pavimentarse; por el contrario, avanzar en este tipo de soluciones es una necesidad para las comunidades. Sin embargo, cuando estas intervenciones no se ejecutan bajo criterios técnicos integrales, la ciudad se vuelve cada vez más vulnerable a las inundaciones a medida que crece. Paradójicamente, en algunos casos son los mismos sectores “beneficiarios” del programa “Mi Calle” los que terminan siendo los más afectados.
Las mismas administraciones que no priorizaron la elaboración de un Plan Maestro que integre y planifique de manera adecuada toda la red sanitaria de la ciudad han optado, en cambio, por soluciones parciales mediante la construcción de microrredes. En el marco del programa “MI Calle”, a estas, además, se les conectan nuevas redes de urbanizaciones o edificaciones sin estudios técnicos suficientes. Esta práctica termina generando un conflicto hidráulico, ya que se supera la capacidad de las redes existentes para recibir y transportar los caudales provenientes de las nuevas conexiones. Como consecuencia, se producen rebosamientos, retornos de aguas servidas y descargas a la superficie, con los consecuentes riesgos sanitarios y ambientales, además del deterioro progresivo de la infraestructura urbana.
A partir de estas fallas, la ciudad corre el riesgo de quedar atrapada en un círculo vicioso: pavimentar hoy para romper mañana. Esta dinámica representa, en la práctica, una pérdida de recursos públicos. Esto equivale a una pérdida de recursos públicos. Si las obras no se ejecutan con una planificación integral, incluyendo primero la reposición de las llamadas “redes húmedas”, existe el riesgo de que las vías deban ser intervenidas nuevamente en pocos años, lo que implica duplicar inversiones y afectar la confianza de la ciudadanía en los proyectos públicos.
Mientras estas administraciones se concentran en maximizar los réditos políticos con poco esfuerzo técnico pero a un alto costo para la calidad de vida y competitividad territorial, la ciudad continúa sin un plan integral de obras estratégicas orientado a mejorar la movilidad urbana. Santa Marta adolece por la falta de proyectos de mayor alcance que permitan desarrollar nuevas arterias viales, ampliar corredores existentes o crear rutas alternas que ayuden a descongestionar el tráfico en una ciudad que ha crecido de manera acelerada en los últimos años. Paradójicamente, si se suman los recursos que se han destinado a la pavimentación fragmentada de calles, y los que probablemente deberán invertirse más adelante para romper esas mismas vías y reemplazar redes de servicios públicos, es posible que ese presupuesto hubiese sido suficiente para impulsar un plan de infraestructura integral. Un plan que, más que simples tramos aislados de pavimento, representara una verdadera contribución al desarrollo urbano y a la movilidad de la ciudad.
La ausencia de este tipo de infraestructura estructural, cuyo soporte técnico ha estado disponible para las administraciones de los últimos 20 años a través de los, muchas veces, menospreciados diseños del Plan Vial del Norte, mantiene a la capital del Magdalena enfrentando problemas crónicos de movilidad, especialmente en horas pico y durante las temporadas turísticas, cuando el flujo vehicular aumenta de manera considerable.
En ese contexto, resulta no solo limitado, sino también profundamente incoherente insistir en intervenciones aisladas de pavimentación barrial que, aunque necesarias para las comunidades, resultan claramente insuficientes para resolver de fondo los desafíos estructurales del transporte y la planificación urbana en Santa Marta.


1 Comment
enelmargen 11 Mar 2026
De la Columna anterior:
¿Válida caracterización- significación del anacrónico populismo/estratagema/artificio… instrumentalizado a través del atrevido- insolente arribismo (agente) «pequeñoburgués» [dado en llamarse de «derecha/centro/izquierda»]; he ahí! en concreto, la estratagema del- entre otras tantas: «hacer hoy» para «romper mañana»- crecimiento infundado… «robaron pero hicieron» en boca de «elpueblo»‘, en su consuetudinario encantamiento/desencantamiento…?