Por: Veruzka Aarón Torregroza
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Los gobiernos nacional y distrital han mantenido a la ciudad inmersa en una discusión aún carente de información suficiente sobre las implicaciones de construir dos plantas desalinizadoras como alternativa para enfrentar la crisis de agua en Santa Marta. De acuerdo con lo planteado, una de estas plantas estaría ubicada en la zona sur de la ciudad, mientras que la otra se proyecta en el corregimiento de Taganga. Sin embargo, la ausencia de información técnica, deficiente socialización (a propósito) y ninguna participación ha generado gran preocupación en distintos sectores. En particular, líderes comunitarios de Taganga han expresado serias reservas frente a la iniciativa, al no tener claridad sobre los posibles impactos ambientales en su territorio. La preocupación no es menor: esta zona depende en gran medida de la pesca artesanal y del turismo, dos actividades altamente sensibles a cualquier alteración del ecosistema marino. Lo que no logran entender los tagangueros -ni buena parte de los samarios- es cuál es el afán de imponer las desalinizadoras como solución, sin socializar ni justificar previamente los criterios técnicos que sustentarían su viabilidad, como lo exige cualquier proyecto de inversión pública. Pero, parece qué como dice el dicho popular, “detrás del balón viene el niño”.
La semana pasada el alcalde Carlos Pinedo se reunió con la viceministra de Agua Potable, Ruth Quevedo y funcionarios de otras entidades del orden nacional. Tras el encuentro, el alcalde en un mensaje a la ciudadanía expresó: “Quiero decirles a los samarios que tengan tranquilidad. Las plantas desalinizadoras de Taganga y del sur siguen adelante y hoy seguimos contando con el respaldo del Gobierno nacional para realizar estos proyectos.” Este mensaje además de no tranquilizar a nadie contrasta con lo expresado por el presidente Gustavo Petro a través de cuenta X, quien condicionó la construcción de la desalinizadora en Taganga a la aceptación de las comunidades étnicas y a una eventual reforma del Conpes “Va una desalinizadora para Taganga, sí las comunidades étnicas lo aceptan y se reforma el Conpes de la desalinizadora de Santa Marta, priorizando el uso del agua potable para los barrios pobres y del Centro de la ciudad”.

Las contradicciones son evidentes y la preocupación de los tagangueros y samarios, lejos de ser infundada, se fortalece. Estas contradicciones se manifiestan desde el Anexo Técnico del contrato del Plan Maestro en donde se señala que “En la evaluación de la fuente hídrica marina, se podrá contemplar la factibilidad para el diseño de una planta desalinizadora con la incorporación de energías alternativas y la evaluación ambiental de la misma […]” Esto indica que estaría abierta la posibilidad de estudiar otras fuentes hídricas para el abastecimiento ¿Por qué si la ciudad dispone de fuentes superficiales y con la facilidad de traerlas por gravedad, en el contrato de formulación del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, estas no se han estudiado y comparado sus costos-beneficios con el de la alternativa de plantas desalinizadoras?
Ante esta disposición surge otro frente de preguntas: ¿Si la factibilidad de las plantas desalinizadoras es un producto del contrato del Plan Maestro -firmado apenas en septiembre de 2025-, por qué hoy estas se presentan como una decisión prácticamente tomada? Los anuncios del alcalde y del presidente ¿Se están basando en estudios ya concluidos por el contratista?
El afán de imponer las desalinizadoras como alternativa desnuda las contradicciones en que incurre el propio presidente Petro, frente a lo expresado durante campaña en Santa Marta, el 30 de abril de 2022, frente a la solución del agua en Santa Marta: “En el caso del agua de Santa Marta, el mejor proyecto costo-beneficio, el mejor proyecto costo-beneficio, qué significa: todo proyecto tiene beneficios, unos más que otros y sus costos; hacerlo vale; entonces, el que mejor relación de: entre el beneficio que se le entrega a la población y su costo, es el que vamos a financiar y, de una.” link https://www.youtube.com/live/lnxHFVJ3JDI?si=wkA8BkO-efvKDm1j Vale preguntar al presidente Petro ¿son las plantas desalinizadoras el proyecto con mejor costo-beneficio? ¿Dónde se puede verificar esto?
En ese mismo sentido cabría preguntar por qué ante la inquietud que esta columnista le presentó al presidente Petro mediante la plataforma X “Los impactos ambientales de la desalinización pueden ser altos e irreversibles en sus distintas etapas (captación, pretratamiento, desalación y post tratamiento) Pero lo más desafiante del proceso de todo el proceso es la disposición de la salmuera.” (19 de marzo/2026), la viceministra de agua, Ruth Quevedo Fique, contesta: “Estamos proponiendo descargar las sales hacia la EBAR sin sistema de tratamiento, lo cual disminuiría la carga contaminante, para no descargar en Taganga.” Inevitable preguntar a la viceministra por este medio: ¿Quién hace la propuesta, el Ministerio o el contratista del Plan Maestro? ¿Qué estudios respaldan esa propuesta? ¿Se evaluó la capacidad de la Ebar para soportar además de las cargas de toda la ciudad, las de la salmuera producto de las desalinizadoras? ¿Exactamente cuál es la cantidad de salmueras que se estima producirán las plantas?

Dado que como señala la viceministra la EBAR no realiza tratamiento, el efluente tiene prácticamente la misma carga contaminante con la que ingresó. Por eso, cualquier descarga adicional (como salmuera de desalinizadoras) debe evaluarse cuidadosamente, ya que puede aumentar la carga contaminante y alterar la salinidad del sistema.
Otras inquietudes que tampoco siguen si despejan son las referentes a la fuente de inversión para la totalidad de esta alternativa. ¿La Nación asumirá los costos de instalación y montaje de las plantas, el consumo energético de estas, la estación de bombeo, la energía para el bombeo de la salmuera, la operación y mantenimiento, las líneas eléctricas de alimentación, la conexión a la red de acueducto, el almacenamiento de la producción de agua?
Las preguntas se acumulan mientras las respuestas escasean. Y en medio de este panorama, toma fuerza la hipótesis que detrás del contrato del Plan Maestro existe un objetivo distinto, orientado a justificar decisiones ya tomadas, y no a evaluar con rigor técnico y transparencia, la mejor solución para la crisis de abastecimiento de la ciudad.
Detrás del balón, inevitablemente, viene el niño. No sabemos con certeza quién es el “niño” que está detrás de este contrato. Pero sí se tiene certeza de cómo la factibilidad de esta alternativa quedó en manos de una empresa que no acredita las capacidades ni la experiencia técnica necesarias para un proyecto de esta magnitud. Todo apunta a que desde el inicio, a que este contrato fue diseñado para requerir futuras adiciones presupuestales o a la suscripción de un nuevo contrato para hacer aquello que este difícilmente podrá cumplir.
En una ciudad que lleva décadas enfrentando una crisis estructural de agua, resulta inaceptable que se repitan los mismos patrones: proyectos que se anuncian como definitivos, pero que terminan enredados en adiciones, sobrecostos y resultados insuficientes. Aquí no se trata solo de elegir entre una u otra alternativa, sino de garantizar que cada decisión esté respaldada por criterios técnicos, ambientales y financieros sólidos.
En el ocaso de su periodo el presidente Petro debería considerar que estas plantas se aproximan mas a convertirse en elefantes blancos que en soluciones. Recuerde presidente que la gente adora el sol que sale no el que se pone.
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1 Comment
Anónimo 25 Mar 2026
Uno de los niños son los CONSTRUCTORES !