SANTA MARTA: A FALTA DE PLANIFICACIÓN,  ¡QUE DIOS NOS GUARDE!

                 

Detrás del éxito de las actividades y eventos desarrollados en el marco de la conmemoración de los 500 años de fundación de la ciudad y la celebración de las Fiestas del Mar, hubo una silenciosa protagonista: la plegaria.  En pleno los samarios elevaron sus plegarias a todo en lo que creían para que no cayera una gota de agua que pudiera arruinar los eventos y festejos programados. Esta es la gran paradoja de una ciudad que con tantas ventajas naturales no ha podido crecer sobre la base de una adecuada planificación sino verse arrastrada por la incertidumbre producto de la histórica ineptitud técnica de sus gobiernos para resolver problemas. La gestión pública de la ciudad nos ha condenado a vivir en un territorio de alto riesgo, frente al cual la respuesta administrativa de los gobiernos se resume en declarar dos calamidades públicas al año: una por sequía y otra por inundaciones. En medio de estos eventos por años han corrido ríos de inversión pública para contratar estudios y planes con empresas de consultorías de garaje, sin que hasta ahora, como es de esperar, un proyecto de solución logre la viabilidad técnica. Así, a falta de planificación ¡que dios nos guarde!

 

Emergencias como la de días pasados son resultado de una combinación de fallas en la gestión del territorio durante décadas. La principal de estas es la deficiente planificación que ha caracterizado a Santa Marta. Según los artículos 10 y 12 de la Ley 388 de 1997 y el artículo 33 de la Ley 1523 de 2012, se reconoce la amenaza por inundaciones como un determinante del ordenamiento territorial. De ahí, la expectativa de que el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) “Santa Marta 500 Años”, no solo identificara dichas amenazas sino que incorporara las medidas normativas, de planeación y de inversión que orientarían el desarrollo urbano y rural de forma segura frente a este riesgo. Sin embargo, esta obligación no se cumplió.

 

En el POT se identificaron las amenazas, pero no fueron planteadas las estrategias de solución. La incorporación de estas quedó condicionada a la elaboración de estudios para la gestión del riesgo (instrumento de planificación) que hasta la fecha no se ha realizado. Pese a las advertencias que en su momento expresaron organizaciones gremiales como Cámara de Comercio de Santa Marta (CCSM) y Sociedad de Arquitectos frente a la deficiencia técnica que implicaba la falta de este y otros estudios, el Concejo Distrital aprobó el POT a través del Acuerdo 010 de 2020.

 

El actual gobierno distrital tiene la oportunidad de cambiar el rumbo de la histórica incapacidad técnica de la gestión pública en la ciudad, pero hasta ahora, sus señales reflejan su intención de insistir en el error. El gobierno, al parecer, ha encargado el proceso de revisión del POT “Santa Marta 500 Años”, a los mismos profesionales que estuvieron a cargo de la formulación de este en el 2020. Si esto es así, dadas las falencias técnicas de dicho POT ¿qué garantías tendrá la ciudad de que la revisión a cargo de estos mismos profesionales sea un proceso fiable? Dicen que “cada torero con su cuadrilla”; llama la atención que el alcalde Pinedo conserve la cuestionada cuadrilla de su antecesor.

 

La administración pública de las últimas décadas y la sociedad civil deben asumir también su responsabilidad por la inacción frente al control (administrativo y ciudadano) de la informalidad e ilegalidad, conductas sociales que han contribuido en gran parte a la mayor vulnerabilidad de los territorios urbano y rural. En la ciudad ha prosperado ante la mirada indiferente de todos la deforestación e invasión de cerros, la ocupación de rondas hídricas, la construcción de proyectos inmobiliarios sin una real capacidad de servicios públicos, la reducción de humedales y zonas de amortiguamiento, el manejo inadecuado de basuras, entre otras.

 

No debe sorprender que ante la persistencia de las deficiencias técnicas, la debilidad del control ciudadano y falta de compromiso con las buenas prácticas sociales y ambientales; aumente el impacto de inundaciones y eventos extremos en esta ciudad. De ser así, al menos, los creyentes deben recordar:

 

Santiago 2:17 “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.

 

 

 

 

 

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