Han pasado varios años desde que ESSMAR cedió la operación de recolección de residuos sólidos a ATESA. En su momento, la discusión pública giró alrededor de la legalidad del contrato, de la rapidez con que fue avalado por la Superintendencia de Servicios Públicos y de las objeciones formuladas por la Alcaldía Distrital. Hoy, esa discusión resulta casi irrelevante frente a una realidad mucho más preocupante: Santa Marta continúa sucia, desordenada y sin una política seria de gestión de residuos, mientras el gobierno de Carlos Pinedo parece haber renunciado a ejercer el liderazgo que la ciudad necesita. Durante meses, el Distrito ha insistido en responsabilizar al operador por problemas como el deterioro de los contenedores, la acumulación de basura o las deficiencias del servicio. Sin embargo, buena parte de esas dificultades existían mucho antes de que ATESA asumiera la operación. Los contenedores ya eran objeto de vandalismo, de manipulación indebida y de permanentes quejas ciudadanas por rebosamiento y malos olores. Pretender convertir al operador en el único responsable es desconocer que el verdadero fracaso ha sido institucional.
El sistema de contenedores fue presentado durante la administración de Rafael Martínez como una apuesta por la modernización urbana y la construcción de una nueva cultura ciudadana. La promesa era una ciudad más limpia, separación en la fuente, reciclaje y un modelo similar al de grandes capitales.
Pero una idea no sustituye la planificación. Los sistemas de contenerización exitosos funcionan sobre estudios técnicos de generación de residuos, densidad poblacional, rutas eficientes y educación permanente a la comunidad. En Santa Marta, por el contrario, los contenedores terminaron instalados sin que existiera una verdadera estrategia de apropiación ciudadana ni infraestructura para la clasificación de residuos.
El resultado está a la vista: recipientes insuficientes para el volumen de basura, desechos esparcidos diariamente, reciclaje informal descontrolado y andenes convertidos en puntos permanentes de contaminación. La imagen de andenes y calles desbordados en basura se volvió parte de un paisaje frente al cual el gobierno Pinedo había sido indiferente hasta que en días pasados un video perturbador (guillo) le dio la vuelta al mundo: toneladas de residuos flotando sobre los ríos Manzanares que llegan a la Bahía de Santa Marta tras las lluvias.
Ante la imposibilidad de acallar la indignación que este video produjo nacional e internacionalmente, el alcalde Carlos Pinedo Cuello anunció una alianza entre el Distrito, Corpamag y la organización internacional The Ocean Cleanup para instalar mecanismos que intercepten la basura antes de que llegue al mar.
La iniciativa merece reconocimiento. Toda tecnología orientada a proteger los ecosistemas marinos representa un avance ambiental. Sin embargo, también obliga a formular una pregunta: ¿por qué seguimos concentrando los esfuerzos en recoger la basura al final del río y no en evitar que llegue hasta allí?
En Santa Marta, el problema comienza mucho antes del Manzanares. Empieza en los barrios donde los contenedores rebosan, en los puntos críticos convertidos en botaderos permanentes, en los canales llenos de desechos y en una ciudad donde el control del espacio público y la educación ambiental son insuficientes.
El alcalde también reclamó mejoras en el servicio de aseo y pidió mayor responsabilidad de los ciudadanos.
Es legítimo que el Distrito exija al operador el cumplimiento de sus obligaciones. Si existen incumplimientos contractuales, estos deben documentarse y sancionarse conforme a la ley, no mediante declaraciones mediáticas. En cuanto a la responsabilidad ciudadana, el alcalde debería tener presente que la cultura ciudadana no surge de llamados ocasionales, se construye mediante educación permanente, infraestructura adecuada y autoridad.
Así las cosas, la débil gestión del servicio de aseo durante el gobierno de Carlos Pinedo, confirma que la crisis de las basuras no es un fenómeno aislado ni un problema atribuible exclusivamente al operador. Es el síntoma más visible de una administración que ha perdido capacidad para ejercer autoridad, planificar la ciudad y hacer cumplir las normas. Esto explica la percepción creciente entre muchos samarios es la de un gobierno más concentrado en el espejo retrovisor y la confrontación política que en resolver los problemas estructurales de la ciudad.
Santa Marta, necesita una política integral de gestión de residuos sólidos que trascienda la discusión sobre el operador de turno. Ello implica rediseñar técnicamente el sistema de contenedores, fortalecer el reciclaje formal e inclusivo, garantizar el mantenimiento permanente del drenaje urbano y aplicar sanciones efectivas contra quienes convierten calles, canales y quebradas en basureros.
Pero ninguna de esas medidas será sostenible sin el componente que ha estado ausente durante años: una verdadera política de cultura ciudadana. Educar para separar los residuos en la fuente, promover el sentido de pertenencia por el espacio público y construir corresponsabilidad entre Estado, comunidad y sector privado es tan importante como recoger la basura.
Hoy Santa Marta no está sepultada únicamente bajo residuos; está sepultada bajo la improvisación, la ausencia de autoridad y la incapacidad de convertir los discursos en resultados. La basura ensucia las calles, pero la falta de gobierno contamina el futuro de toda una ciudad.


1 Comment
Liliana Mercadal 9 Sep 2026
En Uruguay afrontamos el mismo problema con la recolección de basura.