Cuando Gustavo Petro asumió la Presidencia en agosto de 2022, en el Magdalena se instaló una gran expectativa no solo porque la región Caribe fue determinante para su triunfo electoral, sino porque por primera vez en muchos años amplios sectores del departamento sintieron que sus problemas históricos ocuparían un lugar prioritario en la agenda nacional. La promesa era ambiciosa: cerrar brechas históricas, impulsar grandes proyectos de infraestructura, resolver la crisis del agua en Santa Marta, recuperar la conectividad férrea y convertir al Magdalena en una pieza estratégica de la transformación económica y ambiental del país. Cuatro años después, cuando el gobierno se acerca a su final, llega el momento de contrastar las expectativas con los resultados.
El Magdalena aparece en el Plan Nacional de Desarrollo, en los pactos territoriales y en múltiples intervenciones presidenciales. Los discursos han estado llenos de referencias a la recuperación ferroviaria, la navegabilidad del río Magdalena, la protección ambiental de la Sierra Nevada, el fortalecimiento de la educación pública, la ampliación del Aeropuerto Simón Bolívar y la solución definitiva de la crisis del agua en Santa Marta. Sobre el papel, el departamento figura como una pieza importante dentro de la visión de país impulsada por Petro. Sin embargo, cuando se intenta identificar las grandes obras terminadas, la lista se vuelve mucho más modesta.
La ampliación de la terminal aérea de Santa Marta avanza y constituye quizás la intervención física más visible asociada al Gobierno Nacional en la ciudad. Existen también proyectos universitarios, inversiones en vías rurales y acciones relacionadas con la navegabilidad del río. Son iniciativas importantes, sin duda, pero difíciles de catalogar como la gran transformación estructural que muchos esperaban para una región que durante décadas ha reclamado una mayor presencia del Estado.
Por el contrario, varias de las apuestas más ambiciosas permanecen atrapadas en etapas preliminares. El Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado sigue recorriendo el largo camino de los estudios y diseños. La ampliación de la pista del aeropuerto continúa enfrentando desafíos técnicos y ambientales. La recuperación ferroviaria sigue siendo más una visión estratégica que una realidad operativa. Mientras tanto, la crisis del agua que afecta a Santa Marta desde hace décadas continúa siendo una incertidumbre que ningún estudio técnico ha logrado disipar.
Donde sí pueden identificarse avances es en proyectos menos visibles mediáticamente, pero relevantes para el funcionamiento regional. Las intervenciones relacionadas con la navegabilidad del río Magdalena, inversiones en infraestructura educativa, proyectos de agua potable en algunos municipios y mejoramientos de vías rurales forman parte de las acciones ejecutadas durante estos años. Son iniciativas que generan impacto en sectores específicos y que no deberían desconocerse al momento de evaluar la gestión gubernamental. Sin embargo, también es cierto que ninguna de ellas alcanza por sí sola la dimensión de una obra transformadora capaz de redefinir el desarrollo del departamento.
El gobierno Petro podrá argumentar que sentó las bases para que esas transformaciones ocurran en los próximos años. Sus críticos sostendrán que dejó más proyectos formulados que obras terminadas. Ambas afirmaciones contienen parte de verdad.
Lo cierto es que el Magdalena llega al final de este período presidencial con una cartera de iniciativas más robusta que la que tenía en 2022, pero sin haber materializado todavía muchas de las promesas que despertaron mayor expectativa. El departamento, al parecer, será sujeto hasta el último día de este gobierno de propuestas, estudios y diseños; pero los problemas estructurales que motivaron esas promesas continúan presentes.
Al final, la diferencia entre las expectativas y los resultados es también la diferencia entre lo que un gobierno promete y lo que una región realmente recibe. Y en el caso del Magdalena, esa distancia sigue siendo, en varios aspectos fundamentales, más grande de lo que muchos esperaban hace cuatro años.

