En Santa Marta hay obras que por su importancia deben ser pensadas con una visión de ciudad. Una vía puede construirse, inaugurarse y consumir una cantidad importante de recursos públicos, pero si no resuelve el problema que le dio origen, la ciudad habrá ganado otro elefante blanco y dejado otro problema sin resolver. Esa es la pregunta que deja sobre la mesa el proyecto denominado “Camino al Río”, el cual consiste en la construcción en pavimento rígido de la carrera 22 entre Troncal del Caribe y Avenida del Río. Los estudios y documentos previos elaborados por la Empresa Distrital de Desarrollo y Renovación Urbano Sostenible (EDUS) justifican la intervención a partir de problemas de movilidad, conectividad vial, deterioro de la infraestructura y necesidad de mejorar la articulación del sistema vial. Sin embargo, el anuncio de la construcción de las Fases 1 y 3 Troncal del Caribe y la entrada de la Universidad del Magdalena (UNIMAG) llevan a preguntarse ¿por qué priorizar este tramo? y ¿cuál problema concreto pretende resolverse con este?
La UNIMAG no es un simple equipamiento educativo. Es uno de los principales generadores de viajes de Santa Marta. Decenas de miles de personas se desplazan diariamente hacia ese sector entre estudiantes, profesores, trabajadores, proveedores y visitantes. Buena parte de los vehículos que llegan por diferentes corredores terminan encontrándose en un mismo sistema de acceso y salida.
Si el objetivo del proyecto “Camino del Río” era mejorar la conectividad y la movilidad de la ciudad, en especial el entorno de la UNIMAG, el tramo contratado requiere demostrar cómo esa nueva conexión permitirá distribuir los flujos que hoy llegan al sector y, particularmente, cómo evitará que la obra simplemente conduzca más vehículos hacia el mismo punto de concentración.
La ciudadanía tenía otra expectativa: que se hubiera priorizado la conexión entre el puente de la Avenida del Río y la UNIMAG dado que esta es una alternativa efectiva de acceso y descongestión. No se trata solamente de construir otra calle. Se trata de crear una ruta que permita conectar sectores que hoy funcionan como compartimentos separados y que contribuya a organizar el territorio alrededor de nuevas posibilidades de movilidad.
El Distrito debería explicar ¿qué estudios compararon las alternativas de priorización de tramos? ¿Qué indicadores determinaron que el tramo escogido debía ejecutarse primero? ¿Cuántos viajes diarios se espera redistribuir? ¿Cuál será la reducción estimada de los tiempos de desplazamiento? ¿Qué ocurrirá con las rutas que actualmente desembocan en la UNIMAG? ¿Cuál será la capacidad de descongestión del sector después de la obra?
Debe resaltarse que el proyecto tiene una dimensión contractual considerable. El presupuesto oficial asciende a $34.550 millones para una intervención de aproximadamente 750 metros, que incluye obra civil, estudios y diseños, gestión predial y componentes complementarios como andenes, sardineles, accesos, drenajes, redes de servicios y urbanismo asociado.
Una simple división del presupuesto total entre la longitud intervenida da un costo aproximado de $46 millones por cada metro de corredor. Esto da cuenta de la magnitud de la inversión que compromete el Distrito. Por eso es necesario que se aclare a la ciudad ¿qué solución de movilidad está comprando por esos $34.550 millones?
Sin dar respuesta a estas inquietudes el alcalde Pinedo pretendía hacer un concierto para poner la primera piedra de esta obra. Este evento fue suspendido abruptamente por el rector de la UNIMAG, Pablo Vera Salazar, quien manifestó entre otras razones la insuficiente información técnica sobre el proyecto.
Llama la atención que la conexión del tramo Troncal Avenida del Río fue una obra anunciada por Pinedo desde su primer día de gobierno como una estrategia para mejorar la movilidad. Inaudito que el nivel de ineptitud de este al anunciarle a la ciudad después de casi tres años, con la adjudicación de una obra “mocha” que no conecta ni resuelve en materia de movilidad, pero que además, deja dudas sobre la garantía de recursos para la gestión predial de este y del tramo faltante.
Increíble que Santa Marta repita la nefasta experiencia de gobiernos anteriores con obras fallidas, con sobrecostos y hasta siniestradas. Quién nos dice que esta obra, con los vacíos enunciados, no terminará convirtiéndose en una chambonada más, como la prolongación de la Avenida del Libertador, una doble calzada que conectaría con la Vía al Puerto, la cual, por el afán del gobierno de turno se construyó en una calzada, con la promesa de construir la segunda más adelante. El final de esta obra, todos lo conocen: una vía de un solo carril y bloqueada su segunda calzada por un proyecto inmobiliario, cuya licencia fue otorgada de manera irregular pero sin consecuencias para los responsables.
El riesgo en el caso de “Camino del Río” puede ser peor. Este tramo podría terminar como una simple pista para piques ilegales.
Escasos meses le quedan al actual gobierno y la agenda ya no es de gestión de soluciones sino electoral. De ahí el desespero de Pinedo por mostrar de sus pobres resultado para garantizar la continuidad de su poder político.
Santa Marta ha pagado durante años el precio de crecer sin planificar. Un tramo aquí, una glorieta allá, una ampliación en otro punto, mientras los problemas de fondo permanecen porque las piezas no terminan de formar un sistema. El resultado es una ciudad en la que se construye infraestructura que no soluciona problemas, y en algunos casos, los agudiza.
“Camino al Río” merece una explicación pública mucho más amplia que un concierto para anunciar su contratación. La ciudad necesita saber si esta obra es parte de una estrategia de ordenamiento territorial, o si es solamente una intervención puntual.
En una ciudad con tantas necesidades como Santa Marta, un lujo que no nos podemos permitir, es equivocarnos en la prioridad frente a la inversión pública.

