La “Línea Negra” es el perímetro sagrado que conecta sitios espirituales de la Sierra Nevada de Santa Marta y sus alrededores. No es una línea física visible en el terreno, sino un sistema de puntos sagrados interconectados. Dentro de este sistema los pueblos indígenas consideran que está el equilibrio del mundo. El 19 de mayo de 2026 el gobierno de Gustavo Petro expidió el Decreto 0514 con el fin de restablecer la protección jurídica de la llamada Línea Negra, después de que el Consejo de Estado anulara el Decreto 1500 de 2018. Dado el impacto que esta decisión tiene sobre el territorio samario con seguridad se desarrollará una discusión sobre si el decreto es o no legal. Sin embargo, existe un conflicto mucho más profundo: ¿es válido que la concepción ancestral se superponga ante los intereses de una ciudad que enfrenta enormes necesidades de crecimiento económico, infraestructura, empleo y expansión urbana? Es esta la disputa por el modelo territorial y económico de Santa Marta y de toda la región Caribe.
El Decreto 1500 de 2018 fue la respuesta del Estado colombiano a tres grandes presiones: 1. El fortalecimiento constitucional de los derechos indígenas después de 1991; 2. Las exigencias de protección ambiental sobre la Sierra Nevada; 3. Las crecientes tensiones entre proyectos económicos y autonomía territorial ancestral.
En 1973 el Estado había reconocido simbólicamente la existencia de la Línea Negra mediante la Resolución 002 del entonces Ministerio de Gobierno. A partir de la Constitución de 1991, se reconoció: la diversidad étnica y cultural; los derechos territoriales indígenas; la autonomía; el gobierno propio; y la consulta previa derivada del Convenio 169 de la OIT.
El gobierno Santos mediante el Decreto 1500 de 2018 redefinió oficialmente el territorio ancestral de la Línea Negra. Aunque el decreto aclaraba que respetaba derechos adquiridos y propiedad privada, también establecía que la Línea Negra debía ser considerada en decisiones sobre territorio, medio ambiente y recursos naturales. Ahí aparece el gran conflicto. Mientras que para los pueblos indígenas, el Decreto 1500 representaba un reconocimiento histórico de su cosmovisión y de su derecho ancestral al territorio, para muchos sectores empresariales regionales, en cambio, aparecía el temor de que el alcance del decreto terminara afectando inversiones, ordenamiento territorial y seguridad jurídica.
En 2026 el Consejo de Estado anuló el Decreto 1500 por dos razones centrales:
◊ Porque fue expedido sin la cartografía oficial definitiva de la Línea Negra elaborada por el IGAC;
◊ Y, porque no agotó adecuadamente la consulta previa con comunidades indígenas y afrodescendientes cuyos territorios se traslapaban con el polígono delimitado.
El primer problema parece haberse superado en el Decreto 0514 pues hoy sí existe una cartografía oficial más consolidada y publicada por el IGAC.
Demarcación del territorio ancestral y de los espacios sagrados

Fuente: www.igac.gov.co
Frente al segundo, el gobierno Petro sostiene que el Decreto 0514 incorporó mesas de concertación y procesos de consulta más amplios. Pero algunos sectores, especialmente autoridades Wayuu y actores territoriales de La Guajira y Magdalena, han expresado reparos sobre si la consulta realmente fue suficiente, incluyente y plenamente válida. Es de destacar que entre los grupos de concertación y participación por ser consideradas afectadas, en este proceso estuvieron las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. En el caso específico de la Línea Negra, muchos se preguntan si es válido que las comunidades negras reclamen ser “originarias” de la Sierra Nevada en el mismo sentido espiritual y cosmológico de los pueblos Arhuaco, Kogui, Wiwa o Kankuamo.
Pero, existen otros aspectos de fondo en el debate. El primero, la relación entre el decreto y las competencias territoriales de municipios y distritos. El Decreto 0514/26 fortalece mecanismos de consulta previa, participación y protección de sitios sagrados que pueden influir sobre licenciamientos ambientales, obras de infraestructura, expansión urbana y proyectos estratégicos. Colombia ya conoce las consecuencias económicas de este tipo de conflictos.
En diferentes proyectos las disputas por consulta previa y afectaciones ambientales terminaron generando bloqueos, demandas judiciales e incertidumbre operativa. Ocurrió en el Cerrejón, con la hidroeléctrica de Urrá y, recientemente, con los parques eólicos en La Guajira. Este proyecto de transición energética prometía convertir a esa región en el principal polo eólico de Colombia, con inversiones multimillonarias y miles de empleos proyectados. El Magdalena puede anticipar lo que le espera después del enfrentamiento generado entre el presidente Petro y su Ministro de Minas tras conocer la subasta energética realizada el pasado 22 de mayo. Esto dijo Petro a través de su cuenta X: “De dónde salió la idea de hacer una nueva gasificadora de gas precisamente donde está la línea negra que decreté para proteger el corazón del mundo Eso es una traición al progresismo colombiano, a la vida y a la humanidad. El ministro de energía debe responder por esta afrenta a la vida.” Este proyecto se localizaría cerca del corredor industrial y portuario entre Ciénaga y Santa Marta.
El segundo aspecto para considerar en el debate es la incertidumbre frente a ¿qué va a pasar cuando por restricciones derivadas de la Línea Negra un predio se vuelve inviable económicamente? ¿qué recurso les queda a esos propietarios afectados? ¿Será que la ciudad, regiones y/o los propietarios tendrán que asumir esta carga ambiental? En el mejor de los casos, en que haya lugar a la compra de este tipo de predios o indemnización por daños antijurídicos ¿de dónde saldrían estos recursos?
Por todo lo anterior, y más, es oportuno que los samarios nos preguntemos ¿qué pasará entonces con la autonomía territorial de Santa Marta como entidad urbana y con su capacidad de definir su propio modelo de desarrollo económico? Santa Marta necesita resolver problemas históricos de agua potable, saneamiento, movilidad, informalidad y déficit social. También depende cada vez más del turismo, de la actividad portuaria, de proyectos inmobiliarios y de nuevas inversiones privadas para sostener su economía. Sin embargo, buena parte de ese crecimiento ocurre precisamente sobre un territorio ambientalmente frágil y culturalmente disputado.
Asimismo, no podemos dejar de lado que la ciudad compite con otras del Caribe por atraer inversión, turismo y desarrollo empresarial. Y para cualquier inversionista, uno de los factores centrales es la seguridad jurídica sobre el uso del suelo y la viabilidad futura de proyectos. Las inversiones pueden adaptarse a regulaciones estrictas, pero difícilmente prosperan cuando no están claramente definidos los alcances de la consulta previa, las competencias territoriales o las restricciones futuras sobre el uso del suelo.
La otra cara de la moneda es que la ciudad ha sido ineficiente desde su autonomía territorial para garantizar una adecuada planificación del territorio. Durante décadas, Santa Marta ha crecido sin una verdadera planificación territorial sostenible. El mercado inmobiliario avanzó más rápido que la capacidad institucional para garantizar agua, servicios públicos o protección ambiental. La expansión turística y urbana se convirtió en prioridad, mientras el deterioro ecológico se ha acumulado silenciosamente.
En este punto, Santa Marta no tiene más opción que dejar de reaccionar tarde y comenzar a construir una estrategia seria de gobernanza, planificación y concertación antes de que las tensiones alrededor de la Línea Negra escalen hacia bloqueos, demandas judiciales o parálisis institucional.
Pdta. La comunicación en días pasados de José Miguel Berdugo, presidente de la Asociación de Empresarios del Magdalena (AEM), parece una primera muestra de que los empresarios del departamento comienzan a reaccionar frente a la necesidad de liderar acciones concretas y serias sobre las soluciones para la ciudad. Esperemos que esto no se quede en un simple y solitatrio «mea culpa» y otros se decidan a jalonar esfuerzos por sacar adelanta a Santa Marta.


1 Comment
Liliana Mercadal 27 May 2026
Muy buen artículo.